
Domingo, 14-06-09
M. AYESTARÁN
TEHERÁN. En cuatro años ha pasado de 17,2 millones de votos a 24 millones superando incluso el récord obtenido por el carismático clérigo reformista Mohamed Jatamí.
Licenciado en Ingeniería, profesor en la universidad de Elm-o-Sanat y alcalde de Teherán durante dos años, este hijo de herrero nacido en Aradán, pueblo agrícola situado a escasos cien kilómetros al este de la capital, se define como «el elegido de los pobres» y llegó a la presidencia para «construir una sociedad islámica ejemplar, desarrollada y poderosa» que ahora tendrá la oportunidad de seguir construyendo durante cuatro años más respaldado por la legitimidad de los datos oficiales y la fidelidad del Basij y la Guardia Revolucionaria. Por encima de sus polémicos discursos -como el pronunciado en la Universidad de Colombia donde aseguró que en Irán no existen homosexuales- y sus referencias sonadas y continuadas al Holocausto, la carrera nuclear es la piedra angular de su política. Nada más hacerse con el poder resucitó el programa nuclear iraní que llevaba siete meses suspendido por el anterior gobierno reformista. El líder fundamentalista ha logrado a lo largo de estos años llevar a Irán a formar parte del club de las potencias atómicas, una entrada que con el paso de los meses provocaría la transferencia del caso nuclear al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la imposición de tres rondas de sanciones. El ex alcalde, sin embargo, ha defendido siempre el derecho a disfrutar de una «energía atómica con fines civiles» y ha mantenido el puño bien alto desde el comienzo de las distintas reuniones en las que la suspensión del programa iraní, nunca ha estado sobre la mesa.
Su primer mandato ha borrado las huellas de la etapa de Jatamí, eliminando toda esperanza de cambios que pudieran significar un giro a Occidente. Y su segundo mandato arranca con la oferta de diálogo por parte de Obama encima de la mesa, que pondría fin a treinta años de distanciamiento entre ambas potencias. En política interior, luchará «contra la corrupción y el enriquecimiento ilegal», como adelantó a lo largo de una campaña en la que no ha dudado apuntar a las más altas esferas del sistema.
El Líder Supremo parece confiar plenamente en él, y en Irán es el ayatolá Jamenei quien tiene la última palabra. Los ciudadanos lo que le piden, sobre todas las cosas, es que solucione la grave situación económica que atraviesa un país con una inflación de un 14%, según el presidente, y un 23,6%, según el Banco Central. Un país que pese a ser el segundo productor del mundo de petróleo, se ve obligado a racionar la gasolina desde hace un año. Empieza la segunda era Ahmadineyad marcada por la sombra de la manipulación de los comicios.
Mahmud Ahmadineyad _ Presidente reelecto de Irán


