
Viernes, 12-06-09
La Sindicatura de Cuentas ha desvelado el descontrol orgiástico de la Agencia Catalana de Cooperación, organismo dependiente de Carod-Rovira, clave en su política de imagen. Los altos cargos de la Agencia, que gestiona el envío de partidas de condones para Mozambique, que otorga un millón de euros para las lenguas indígenas del amazonas ecuatoriano o que arroja migajas en los territorios palestinos; esos altos cargos disponían de tarjetas de crédito con un límite de once mil euros para solazarse con ágapes, copetines o pantagruélicas pitanzas. O sea, que los payos que tenían que organizar, asignar y distrubuir la ayuda humanitaria de la Generalitat manejaban 29 tarjetas de crédito para ponerse moraos a costa de los contribuyentes y de los pobres, pagando el pueblo, con el mismo apresto moral con el que los lacayos del dictador de Gabón se han hinchado los carrillos a base de caviar mientras el patrón moría en un hospital de la zona alta de Barcelona.
Aunque Carod no vislumbre más futuro político que lo que resta hasta la convocatoria de las próximas elecciones autonómicas, debería cortarse un poquito y frenar la voracidad y la ostentación con la que se manejan sus «boys», ese tirar de tarjeta mientras organizan sus cosméticas operaciones de solidaridad internacional con la agenda del vicepresidente sobre la mesa. Hasta puede que Montilla debiera decir algo.


