Actualizado Miércoles, 10-06-09 a las 19:01
Manhattan ha inaugurado un nuevo parque, el High Line, una línea de tren abandonada a nueve metros de altura que recorre el oeste de la isla, en paralelo al río Hudson. Una alfombra voladora sobre Chelsea, el Central Park del siglo XXI, rodeada de modernos edificios de apartamentos y el último hotel neoyorquino.
Quienes viajen a la ciudad de los rascacielos y caminen sobre el nuevo parque del High Line tendrán que darle las gracias a Joshua David y Robert Hammond, los salvadores de esa línea elevada de tren que arranca en la calle Gansevoort y llega hasta la 34, antaño utilizada como medio de transporte de los almacenes de la zona. Pues bien, a partir de hoy esa vía que funcionó entre 1934 y 1980 y que ha sobrevivido como un esqueleto inmóvil donde crecía la hierba a salvo de desmanes inmobiliarios es un parque en las alturas, el más apetecible de los proyectos urbanísticos de Manhattan. Una vía abandonada convertida en parque público que correrá por encima de las avenidas de Chelsea, con impagables vistas desde cada cruce. Tanto, que ya la han bautizado como “la alfombra voladora” o “el Central Park de nuestra generación”, la imagen de una nueva Gran Manzana.
Quienes viajen a la ciudad de los rascacielos y caminen sobre el nuevo parque del High Line tendrán que darle las gracias a Joshua David y Robert Hammond, los salvadores de esa línea elevada de tren que arranca en la calle Gansevoort y llega hasta la 34, antaño utilizada como medio de transporte de los almacenes de la zona. Pues bien, a partir de hoy esa vía que funcionó entre 1934 y 1980 y que ha sobrevivido como un esqueleto inmóvil donde crecía la hierba a salvo de desmanes inmobiliarios es un parque en las alturas, el más apetecible de los proyectos urbanísticos de Manhattan. Una vía abandonada convertida en parque público que correrá por encima de las avenidas de Chelsea, con impagables vistas desde cada cruce. Tanto, que ya la han bautizado como “la alfombra voladora” o “el Central Park de nuestra generación”, la imagen de una nueva Gran Manzana.
El proyecto ha llevado casi diez años de trabajo y su coste asciende a 152,3 millones de dólares (109 millones de euros). «En lugar de destrozar esta valiosa pieza de nuestra historia, la hemos reciclado para crear un innovador y estimulante parque que proporcionará más espacio al aire libre para nuestros ciudadanos y creará puestos de trabajo y beneficios económicos para nuestra ciudad», ha dicho Bloomberg.
Su longitud completa será de 2,3 kilómetros, y partirá de la calle Gansevoort, en el barrio del Meatpacking, para terminar en la calle 34, en la zona oeste de Midtown, aunque la parte inaugurada esta semana se extiende sólo hasta la calle 18, y ha requerido una inversión inicial de 86,2 millones de dólares (62 millones de euros).
El Promenade Plantée de París como modelo
La vía corre por encima de las avenidas, con impagables vistas desde cada cruce. Un lugar mágico que quiere ser la imagen de la nueva Gran Manzana donde confluyen sueños, diseño, dinero, oportunismo, poder y famosos como Edward Norton, activista de la campaña para salvar esta reliquia industrial a punto de ser demolida si no hubiera sido por los esfuerzos de David y Hammond.
La vía corre por encima de las avenidas, con impagables vistas desde cada cruce. Un lugar mágico que quiere ser la imagen de la nueva Gran Manzana donde confluyen sueños, diseño, dinero, oportunismo, poder y famosos como Edward Norton, activista de la campaña para salvar esta reliquia industrial a punto de ser demolida si no hubiera sido por los esfuerzos de David y Hammond.
Ambos pusieron en marcha el grupo Friends of the High Line hace ocho años para salvarla, abrieron un concurso para imaginar su futuro (una de las propuestas fue una piscina que ocuparía 22 manzanas) y nombran el Promenade Plantée de París como precedente. Norton los contactó tras leer un artículo sobre las bondades y peligros que acechan la histórica línea. “Se trata de optimismo, de Nueva York reinventándose a sí misma”, dice el actor.
Pues claro que es una reinvención. Cómo si no se puede explicar el renacimiento de esta vía de 2.3 kilómetros de largo y entre 9 y 18 metros de altura donde ha florecido un parque que, como Central Park, será un espacio público rodeado de los edificios más caros del mundo (los que en 1978 costaban 75.000 dólares se venden ahora por 150 millones).
Las nuevas torres de cristal
Pero como casi todo en esta urbe donde cada metro -incluso en el aire- cuesta millones, el disfrute no será igual para todos. Allí ha nacido un barrio con rascacielos diseñados por starchitects donde sólo vivirán quienes puedan pagarlos, pero que promete modernizar esta ciudad empeñada en cambiar su paisaje urbano a golpe de torres de cristal. Las del High Line tienen nombres como HL519 o HL23 y novedades como la propuesta por Annabelle Selldorf, que en su edificio de la Avenida 11 quiere que los vecinos aparquen el coche en ascensor justo al lado de su apartamento, por muy alto que esté.
Pero como casi todo en esta urbe donde cada metro -incluso en el aire- cuesta millones, el disfrute no será igual para todos. Allí ha nacido un barrio con rascacielos diseñados por starchitects donde sólo vivirán quienes puedan pagarlos, pero que promete modernizar esta ciudad empeñada en cambiar su paisaje urbano a golpe de torres de cristal. Las del High Line tienen nombres como HL519 o HL23 y novedades como la propuesta por Annabelle Selldorf, que en su edificio de la Avenida 11 quiere que los vecinos aparquen el coche en ascensor justo al lado de su apartamento, por muy alto que esté.
Habrá también lujosos restaurantes, modernas boutiques y un local de conciertos ya inaugurado en la calle 16. Se llama HighLine Ballroom y ha acogido el High Line Festival apadrinado por David Bowie. Según los productores del festival “el High Line es probablemente el único proyecto público del que nadie se ha quejado hasta ahora”. Y eso ya es mucho decir.
«Hace diez años, los detractores de la High Line creían que era una monstruosidad. Afortunadamente hubo un puñado de gente que cuando miraba la vía veía en ella un extraordinario regalo para el futuro de nuestra ciudad. Hoy desenvolvemos ese regalo», presume Bloomberg.
En caso de excesiva afluencia de gente en los primeros meses, los responsables del parque planean crear un sistema para limitar a unos 1.700 el número de personas que disfruten al mismo tiempo de la plataforma, cerrada por la noche.
