Cuando el busto es handicap profesional
Tetas e internet forman una pareja mejor avenida que Ortega y Gasset. Por otro lado, tetas y arena es una nueva sociedad y un título tomado del calificativo dado a aquellas películas orientales de la Universal con María Montez o Ivonne de Carlo. Ahora la arena es tierra batida. Y no hay velos ni música. El otro día «The Sun» publicó (y no en su lúbrica página 3) que Simona Halep, casi desconocida tenista rumana de 17 años, piensa reducirse el pecho porque le resulta incómodo para jugar. Porque el peso que carga por delante le impide reaccionar con rapidez. El título del artículo era «New boobs, please», jugando con el «bolas nuevas» de los partidos y la similitud entre boobs (tetas) y balls (bolas). Echando un vistazo a internet en la última semana y al impacto de la mala nueva, ésta parece una noticia mucho más importante que la baja de Nadal ante el sueco rarito, las elecciones europeas, los falcon (crest) o los bautizos civiles (con las comuniones civiles podemos empezar a repartir hostias a los padres, ya que el hijo lamentablemente no va a recibir la genuina).
Pero vuelvo a la chica que se ha convertido en la reina de la red (de la otra, no de la de subir para volear). Hay fotos y vídeos donde disfrutar los melones de los que la muy desaprensiva se quiere desprender. Los grupos e individuos pro-vida de las tetas han saltado inmediatamente para que reconsidere su postura (aunque se le jorobe la espalda).
Bueno, saltar, saltar es lo que más le gusta al personal que haga (si hubiera imágenes a cámara superlenta como las de Canal Plus en las retransmisiones de los toros, la rumana todavía sería más reina). Desde que a David F. Friedman se le ocurrió introducir las camas elásticas en las películas nudistas no se había visto cosa semejante (Russ Meyer llegaría más tarde). De pronto, los supersalidos y los supernormales se han hecho fans de una tenista que el año pasado ganó el torneo junior de Roland Garros y que anda perdida más allá del 300 del ranking (pero es la primera en otra clasificación).
«No tomes el deporte como pretexto para llevar trajes escandalosos», advertían en la Sección Femenina. Pero no contaban con la astucia y los atributos naturales de la rumana en quien no es la ropa lo que destaca. «Ese escote te impide ser buena persona», cantan los Manos de Topo. A Simona el escote lo que le impide es pasar inadvertida. A veces pienso que las tetas y la inteligencia están sobrevaloradas. Pero no es verdad. Sólo la inteligencia está sobrevalorada. El mundo es de los tontos y de las tetonas. No hay quien luche contra su buena consideración (la de las pechugonas). Antes y ahora. Contra la recordada Carmen Apolo o contra Jayne Mansfield, que tiene dos leyendas urbanas. Una gore, la más conocida, y otra mamaria. La primera, que murió decapitada (pero en realidad fue una peluca lo que alguien vio separado de su cuerpo en el accidente, y ya se lió la cosa). La segunda, que recuerda Fausto Fernández en «A pecho descubierto» (y que la convierte en una antecedente legendaria de la Obregón), que dice que en un festival de Berlín «le había estallado el vestido debido a tanta presión láctea».Vaya, parece que la historia, aunque sea falsa, siempre se repite.
Una delantera más moderna, pero igualmente sin plásticos, aditivos o conservantes artificiales es la de Dolly Parton. Es, como todo el mundo sabe, una cantante country, compositora y actriz de medidas imposibles (más por la diminuta cintura que por el enorme pecho) que ha triunfado por rubia y por pechugona (es ella la primera en dar a sus cántaros el valor que tienen). No es rubia natural pero lo otro sí es de verdad. Y ahí es donde está el mérito principal de Simona Halep. No sé, quizá lo que le falta a Leire Pajín sea un buen par de melones. La gente presta menos atención a lo otro cuando lo que importa es muy grande. Biplanetario.

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