Copa Confederaciones
Domingo, 07-06-09
Recorrerse casi 4.500 kilómetros en seis horas de avión para jugar un «bolo» en Bakú tiene precio: cerca de un millón de euros. El caché de los campeones de Europa es tan elevado que la Federación Española de Fútbol (FEF) ingresará lo mismo por el amistoso que la selección disputará ante Azerbaiyán, el próximo martes, que por participar en la Copa Confederaciones de Sudáfrica. Así como suena.
Los incentivos que concede la FIFA a los ocho participantes en este torneo son una miseria en comparación, por ejemplo, con lo que la UEFA abonó en la pasada Eurocopa. Por ser campeona, España se embolsó en Viena más de 27 millones. Si ganase al resto de campeones continentales entre el 14 y el 28 de junio próximos, ingresaría diez veces menos. Y si el fijo por acudir a Sudáfrica se eleva a algo más de 900.000 euros, sólo por estar en el pasado Europeo la Federación recaudó 7,5 millones.
Diferencias abismales que, según fuentes federativas, justificarían la presencia en Azerbaiyán. Igual que los grandes clubes realizan giras asiáticas o norteamericanas para obtener pingües beneficios, aunque esos viajes perjudiquen la preparación de pretemporada, la FEF ha preferido hacer caja que mantener la concentración en Las Rozas o fijar algún encuentro de preparación cerca de casa o ya en África. Ángel Villar y sus colaboradores entienden que la crisis afecta a todos y que las oportunidades no deben dejarse escapar. Además, España opta a la organización del Mundial 2018, junto a Portugal, y se trata de hacer amigos por el mundo que al final se traducen en votos.
La FEF barajó también la posibilidad de cerrar un partido en Dubai o en China, que presentaron ofertas económicas muy superiores, pero el cuerpo técnico lo desaconsejó porque ese viaje trastocaría en exceso los planes deportivos. Y como existían dificultades para encontrar adversarios que a estas alturas de curso no estuvieran de vacaciones o inmersos en la clasificación para el Mundial de Sudáfrica, «Azerbaiyán era la mejor opción», enfatiza Juan Luis Larrea, el tesorero federativo.
«Unos mandados»
«Jugar en Bakú no nos viene mal. Cortamos un poco la concentración; la hacemos más escalonada y amena. Además, entramos en la dinámica de los partidos y no está la situación como para desaprovechar una buena oportunidad económica», argumenta Toni Grande, segundo de Del Bosque, al analizar el compromiso ante los azerbayianos.
Como suele ocurrir, son decisiones impuestas, tomadas al margen de los futbolistas. «Nosotros somos unos mandados. Jugamos donde nos digan», expone el azulgrana Xavi con cierta resignación. «Teníamos que disputar algún amistoso, nos toca en Bakú y tampoco hay que darle muchas más vueltas», añade Xabi Alonso. Una filosofía que comparte Villa: «Jamás será un marrón jugar un partido con España. Si Azerbaiyán nos sirve como preparación, estupendo».
Hay que hacer un largo viaje, pero desde Bakú a Johannesburgo la distancia incluso es algo menor (7.730 kilómetros y casi diez horas de avión) que desde Madrid a tierras sudafricanas (8.090 kilómetros). Además, recuerda el tesorero de la FEF que, al existir tres horas de diferencia entre la ex república soviética y el país de Nelson Mandela, ese tiempo se gana en el desplazamiento nocturno. Se despegará sobre las dos y media de la madrugada en Bakú, tras el partido, y se aterrizará en Johannesburgo en torno a las diez de la mañana del miércoles. Desde el aeropuerto, todavía dos horas y media de autocar hasta el lugar de concentración en Rustenburgo. Ahí empezará lo bueno.






