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A pocos días del inicio de la Copa Confederaciones, el técnico español repasa la actualidad y ensalza la calidad humana de un grupo que tiene hambre de títulos y gloria
Del Bosque: «España se ha despojado de las bobadas y los complejos»
Un año después de que España subiera al cielo dirigida por Luis Aragonés, Vicente del Bosque se examina en la Copa Confederaciones con un equipo que mantiene la base, pero que se ha rejuvenecido.
—¿Cómo se prepara un torneo desconocido tras una temporada tan larga y estresante?
—Es una preocupación. Sobre todo los jugadores que han competido en Champions seguro que se han relajado. No lo he vivido, pero me imagino que ya ocurrió algo parecido cuando España fue a la Eurocopa. Hay que recuperar a los futbolistas y volverles a emocionar.
—El problema es que la Copa Confederaciones tiene mucho menos tirón e igual hay alguien que a estas alturas ya no tiene ganas de volver a competir.
—Claro que se puede caer en esa situación, pero para evitarlo estamos nosotros. Los profesionales son conscientes de que el fútbol les ofrece cada verano la posibilidad de aumentar su palmarés y a todos les gusta ser reconocidos a través de los títulos.
—Le toca recuperar jugadores tocados y, sobre todo, evitar que se distraigan con fichajes, altas, bajas...
—Nunca he dudado de los médicos de los clubes, pero he alzado la voz porque no quiero que presionen a los jugadores. En la Federación salvaguardamos la salud de todos. Tenemos derecho a que nos crean. Todo el mundo debe de tener muy claro que, si nuestros médicos concluyen que la lesión no es recuperable, los afectados se vuelven a casa. Los rumores sobre fichajes y las negociaciones son normales en estas fechas, pero intentaremos aislarles, en el buen sentido de la palabra.
Al ser favoritos y campeones de Europa, ¿hay más que ganar o que perder en Sudáfrica?
—Todos los que acuden han sido campeones, salvo el país organizador, y todos tenemos obligaciones y responsabilidad. Pero se ha instalado una euforia peligrosa y hay que ser sensatos. Si ganas no se le va a dar la importancia que tiene, pero si perdemos se pondrá en nuestro debe.
—¿Sabe algo de selecciones tan modestas como Nueva Zelanda, Irak y Sudáfrica?
—Los conocemos y los tenemos controlados en lo sustancial. Son gente de pelea, de lucha, de carácter, y todos juegan muy organizados, con una buena base física. Ojalá me equivoque, pero no creo que los campos estén perfectos y eso también iguala las fuerzas. Serán partidos trampa y debemos concienciarnos bien. Luego, a partir de semifinales, la gente se mentaliza sola.
—Siempre argumenta que el éxito de esta selección se fundamenta en la calidad, buen ambiente y sencillez del grupo ¿Es tan difícil encontrarse chavales normales en este oficio?
—Debería ser un valor consustancial en los deportistas. Desde luego que este caso es una bendición. No han sacado los pies del tiesto y mantienen la ambición. Es gente buena y generosa.
—¿Le agradece a Aragonés que hiciera el trabajo sucio y dejara el vestuario como una familia?
—Claro que sí. No me duelen prendas en reconocerlo. Fue labor de él y de todo su equipo, nosotros nos hemos aprovechado. Pero también ha sido una generación que consiguió éxitos en categorías inferiores y alcanzó la internacionalidad absoluta sin lastres. Hace años mirábamos a los extranjeros como una raza superior, pero ahora todo se ha ido igualando. Nos hemos despojado de las bobadas y los falsos complejos.
—¿No se aburre después de dos meses sin partido? ¿Qué hace a diario, cómo se gana el sueldo?
—Recabo información, estoy al día de los avatares de nuestra Liga. No digo que trabaje mucho, pero raro es el día en que no tenga algo.
—¿Echa de menos el estrés de un club?
—Todo tiene su responsabilidad, su lado bueno y su cara mala. Es evidente que en un club hay más roce y siempre ocurre algo y que aquí los problemas de relación son menores porque de visita todos somos buenos. Estoy feliz.
—¿Se irá tras el Mundial de 2010?
—He dicho que la selección será mi última etapa. pero no he revelado cuándo. En todas mis actividades he sido maratoniano. En la cantera estuve 17 años y en el primer equipo del Madrid cuatro años que se multiplican por tres en cualquier otro lado. Espero estar todavía tiempo.
—Pero no se ve como Luis, entrenando y discutiendo con los periodistas a los 70.
—No creo.
—¿No será que no le gusta el ambiente del fútbol?
—¡Qué va! Al contrario. Me apasiona. Soy oyente, lector asiduo y no me cansa el fútbol.
—¿Qué le sobra a este deporte?
—Casi nunca oyes a nadie rectificar lo que dijo apenas dos horas antes. No asumimos los errores, las opiniones. Igual hubo gente que criticó a Raúl durante el partido famoso de Sevilla y tuvo que desdecirse minutos después, cuando marcó tres goles. Por eso hay que ser cauto.
[—¿Hay demasiado intermediario, asesor y comisionista que estropea la imagen del fútbol?
—No sé, no querría meterme yo en este asunto complicado. Donde se maneja dinero siempre hay un submundo extraño, pero cuando están ahí será porque son necesarios. Lo que hace falta es que no hagan daño. Antiguamente, uno mismo, los padres, y si acaso un abogado, manejaban los contratos.
—¿Es perjudicial que cada vez haya más jóvenes que emigren al extranjero?
—Si lo miro como seleccionador resulta más bien positivo porque acumulan más aprendizaje y experiencia, pero el problema es que se pueden generar frustraciones muy grandes en los chavales y en sus familias, porque es muy difícil llegar a la elite. El modelo Cesc es difícil de repetir.
—¿Se ha perdido el valor de la cantera, del compromiso, del chaval forjado en casa que mama y siente unos colores?
—Los clubes cada día deben ser más cuidadosos con la formación de sus jugadores. Pero no estoy tan seguro de que un chico que proceda de la cantera se sienta más identificado o represente mejor los valores de su club que el que venga de fuera. Si afirmamos eso, estaríamos cuestionando a los propios profesionales. Al Barça y al Madrid se les identifica por Kubala, por Di Stéfano, por Gento o por Asensi, que era de Alicante.
—¿Un jugador criado en Valdebebas puede cometer un error tan grave como el de Pepe?
—Uff... No pondría la mano en el fuego. Claro que la podría cometer. Es una reacción que se debe a un estado de frustración o de rabia que no retrata al jugador. No fue un episodio edificante ni tampoco justificable, pero hay que relativizarlo. Estoy seguro de que Pepe es un buen chico y se arrepintió al momento. Acordaos de Juanito. Era un pedazo de pan, pero a veces los cables se cruzan.
—¿Qué aconsejaría a su mejor amigo si su hijo quiere ser futbolista? ¿Se lo recomendaría?
—Sí, ¿por qué no? Pero le diría que sólo piense en disfrutar y que paralelamente adquiera una buena formación. Siempre debe haber un equilibrio entre el deporte y los estudios. Y si el chaval progresa, que lo lleve al lugar con mayor competencia.
—¿Vaticina un largo ciclo triunfal del Barça?
—Eso no se sabe nunca. Cuesta mucho hacer un equipo y se deshace muy fácil. Depende de la unión de todos, de que la gente no se distraiga. Lo positivo para ellos es que su núcleo fuerte conoce bien la casa.
—¿Qué parte del éxito atribuye a Guardiola?
—Es difícil de cuantificar, pero su mérito es enorme. Ha sido prudente, ha sabido lo que ha querido desde el principio y no ha impartido mucha doctrina.
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