
El protagonista de «Ulises from Bagdad» (Destino) se llama Saad Saad; su autor, Eric-Emmanuel Schmitt (más conocido por su obra teatral y, sobre todo, por «El señor Ibrahim y las flores del Corán», llevada al cine por François Dupeyron), escribe que ese nombre significa «esperanza» en árabe y «triste» en inglés. Y entre esos dos términos se mueve la novela, calificada por Schmitt como «picaresca», y que relata el viaje de exilio que emprende el protagonista desde el Bagdad tiranizado por Saddam Husein hasta Londres. «Cada historia -dice Schmitt- impone la forma en que debe contarse, y este viaje pedía contarse a través de una novela».
Humor e ironía se asoman a las páginas de este libro -«la vida ya es trágica, es inútil escribir más tragedias»-, en el que su autor recrea de algún modo «La Odisea». «Ha resultado muy divertido y muy interesante buscar la transcripción a nuestros días de los personajes homéricos; a las sirenas las he transformado en unas rockeras, a Cíclope en un funcionario tuerto de la Cruz Roja, y a la maga Circe en una funcionaria de Naciones Unidas que puede conceder el estatuto de refugiado político. Lo único que permanece de entonces son las tormentas y los naufragios».
Para Schmitt, las fronteras son una especie en vía de extinción. «La historia de la humanidad va unida a una desaparición progresiva de las fronteras. Hemos pasado del clan a la tribu, al pueblo, a la región, a la nación, y ahora, en Europa, a la comunidad de naciones. Mi libro es el libro de un humanista; todos los hombres tienen los mismos derechos y me parece inconcebible que una parte de la humanidad se considere inferior o con menos derechos que la otra parte. Como novelista, lo que intento es reducir distancias entre mis personajes y yo, y entre mis personajes y mis lectores. La meta de la literatura es que lo desconocido se haga conocido, que lo extraño y lo lejano se vuelva cercano».
Aunque Schmitt ha contado Bagdad a través del relato de iraquíes exiliados -«no fui por miedo», reconoce-, tiene claro que el enfrentamiento entre Oriente y Occidente tiene un origen económico. «El problema es que en Occidente somos demasiado ricos y en África y Oriente Medio demasiado pobres. Y para que haya orden hay que disminuir lo máximo posible estas diferencias, tanto entre sociedades como dentro de cada sociedad».

