
Cataluña «no parla» español en Venecia
El triunvirato Carod-Rovira, Bargalló y Tresserras desembarcó ayer en Venecia. «Bon día, Bon giorno», saludaban a la prensa. Los buenos días se debieron caer al Gran Canal. Rueda de prensa en catalán y respuestas, a las preguntas en español de la prensa nacional, pues también en catalán. Educación no obliga. El vicepresidente de la Generalitat no parecía de muy buen humor, a tenor de las respuestas y el tono de las mismas. «No venimos a entrar en conflicto en absoluto. No hay el mínimo intervencionismo gubernamental en este pabellón», fue la primera. La segunda, «el arte no tiene patria, los artistas sí. En cambio, la edición sí tiene lengua» (en relación a por qué en Francfort se vetó a los escritores catalanes que escriben en castellano y, en cambio, aquí no se muestra sólo arte catalán). Claro que el proyecto lo eligió un jurado internacional, que si no...«Es una mirada desde Cataluña, no de Cataluña, al arte», apunta Carod, que no quiso valorar el pabellón de Barceló. «Pregunte usted a las autoridades españolas». Y los castellanoparlantes, «lost in translation», como Bill Murray en Tokio.
«Art is All», reza el merchandising en la tienda de la Bienal. Y así lo ha debido entender el comisario de esta edición, el sueco Daniel Birnbaum: arte es todo y, por tanto, todo es susceptible de estar aquí. El lema elegido es «Creando mundos». Pero muchos se preguntan por aquí si, visto lo visto, hacía falta crearlos. Tanto el Arsenale como el Pabellón de Exposiciones Internacionales (el antiguo Pabellón de Italia) parecen una chamarilería. Es muy irregular. Puedes encontrar cosas estupendas. En el Arsenale, por ejemplo, una fantástica pieza de Lygia Pape, todo sutileza; una instalación de Cildo Meireles, todo color; o un proyecto de Aleksandra Mir y sus improbables postales de Venecia, todo humor. En el otro pabellón cuesta aún más digerir el proyecto, si es que lo hay. El fuerte de Birnbaum es el arte emergente, pero muchas obras nunca deberían haber salido a flote. Hay poco riesgo y compromiso en las propuestas: resultan demasiado «light», son menos subversivas que otros años.
Carreras continuas
Recorrer los pabellones internacionales de los Giardini es cada vez algo más parecido a una gymkana. A las diez en punto de la mañana, carreras hacia el pabellón de Gran Bretaña para coger el número que te permita ver el vídeo de Steve McQueen. Como en el Carrefour, vamos. Sólo que en vez de comprar pescado, ves un vídeo. Colas en los pabellones, en el bar, en la tienda, en el vaporetto (donde puedes encontrar desde unos novios recién casados hasta un periodista japonés con peluca y vestido de flores). Ver el vídeo de McQueen es «lo más» este año. ¿Lo has visto ya?, te preguntan. Sí, ayer por la tarde, pudimos decir al fin. Y no defrauda. Da otra visión bien distinta de los Giardini de la Bienal: tres perros recorren estos espacios, ahora derrochando glamour y dinero, entonces abandonados, sucios... Mucha expectación también por ver el pabellón de Estados Unidos, que apuesta por Bruce Nauman, pero lo más interesante de este artista está en otros dos espacios de la ciudad. Se echan en falta propuestas rotundas de otros años. Para que se hable tanto del coleccionista ahogado en la piscina a las puertas del pabellón nórdico... Polonia y Holanda son buenas elecciones. En el pabellón del primero, un genial proyecto, «Ospiti», de Krzysztof Wodiczko, con la inmigración de fondo. En el segundo, los espléndidos vídeos de Fiona Tan. Los italianos están que trinan con su pabellón. No sin razón. Los franceses y alemanes deberían estarlo con los suyos. Decepcionantes.
Siempre nos quedarán para animarnos Michelangelo Pistoletto, que ayer seguía rompiendo espejos con una maza, y Nikhil Chopra, que durante 48 horas ha asumido la identidad del Yog Raj Chitrakar. La Bienal no descansa: hoy se inaugura con la entrega de los Leones de Oro a Yoko Ono y John Baldessari. Hay quien viene con proyectos debajo del brazo, como Francesca de Habsburgo: una ópera abstracta de Cerith Wyn Evans y Florian Hecker, una pieza de Jorge Otero-Pailos y un simposio sobre patrimonio cultural. Esta mujer no para. Y hay quien viene, como si fuera Fitur, a promocionar su país. Es el caso de Emiratos Árabes. Y los hay, con más suerte, que vienen invitados por Pinault: Bernard-Henri Levy, Jeff Koons, Jacques Chirac, Naomi Campbell... Los yates eran ayer un no parar de embarcar y desembarcar. Y el resto de los mortales, corriendo para coger número y ver un vídeo. Son, como diría Birnbaum, otros mundos.