“Te lo tenía dicho, pero veo que no has aprendido nada en estos años. Te lo dije una y mil veces, el polvo de la verdad flota y se cuela por todas las rendijas. Te lo dije, pequeño saltamontes, no ruedes con Tarantino, o tu mente y tu espíritu se llenarán de confusión”. Pero sí,
David Carradine, aquel pequeño saltamontes que alucinaba con las enseñanzas del maestro Po, y que lo mismo repartía estopa que verdades confucianas en el Lejano y Salvaje Oeste en aquella serie mítica de la única televisión española,
Kung-Fu, acabó por rodar con Quentin Tarantino “Kill Bill” junto a Uma Thurman.
Confundido tal vez, deprimido o simplemente enfermo, Carradine apareció ayer ahorcado en un hotel de Bangkok, la capital tailandesa, donde estaba rodando. Hijo de una importante familia de actores, su padre fue John Carradine, un clásico de Hollywood y un habitual del cine de John Ford con el que rodó diez filmes, como Las uvas de la ira, La diligencia y El hombre que mató a Liberty Valance. Sus hermanastros Keith (el guapo de la saga) y Robert también son actores.
Igualito que los diálogos de «Aída». Que Buda te acoja en su seno, pequeño saltamontes
El rollo hippieAbrumado en un principio por ser hijo de famoso, se cuenta que a David Carradine le fue bastante el rollo hippie, que no le hacía ascos a la comida vegetariana ni a las comunas y que hubo un tiempo en el que quiso ser granjero. Finalmente, en 1972, la serie Kung-Fu le puso en otro camino, el de la verdad. Más o menos. No tenía ni idea de artes marciales pero acabó interesándose por el asunto y hasta escribió un libro sobre ello. Vamos, que se tomó a pecho lo de ser un monje shaolin chino-estadounidense, Kwai Chang Caine, papel que, curiosamente, iba a interpretar Bruce Lee, aunque a los productores de la serie les pareció “demasiado” chino.
No fueron muchos los filmes de importancia rodados por Carradine, pero al principio de su carrera sí trabajó con gente de mucho prestigio como Scorsese en “Boxcar Bertha”, con Ingmar Bergman en “El huevo de la serpiente”, con Walter Hill en la fantástica “Forajidos de leyenda” y hasta con un español, Borau, a cuyas órdenes rodó “Río abajo”. Quizá su papel más intenso, desgarrado y emotivo fue su incorporación del trovador de los pobres, Woody Guthrie, en “Esta tierra es mi tierra”, de H. Ashby .
“Pequeño saltamontes: el jabalí huye del tigre sabiendo que ambos están provistos de armas poderosas por la Naturaleza y que pueden matar. Al huir salva su propia vida y la del tigre. Eso no es cobardía, es amor a la vida”. Ahí queda eso. Igualito que los diálogos de “Aída”. Que Buda te acoja en su seno, pequeño saltamontes.