Jueves, 04-06-09
POR M. ROSO
CÓRDOBA. El sorteo no empezaba hasta las seis de la tarde, pero media hora antes los aspirantes ya se congregaban en la puerta de las oficinas de Cajasur en Gran Capitán, donde la promotora Convisur sorteó ayer 40 viviendas de protección oficial (VPO).
«Éste es el sexto sorteo de VPO al que acudo. Los últimos han sido los de Mirabueno y Vimcorsa», explica Cristina Guijarro, que acude acompañada por su madre. Tiene 23 años, lleva varios trabajando y quiere emanciparse. Ella es una de las 2.034 personas que ayer optaron a las 40 VPO ofertadas por Convisur en su promoción en la zona de la Arruzafa, entre el Parador y San Rafael de la Albaida.
No todos los solicitantes asisten al sorteo. En el salón de actos hay unas 180 personas. Cada una con una historia diferente que contar. Carmen Segura acude en representación de sus dos hijos, que no pueden asistir porque están trabajando. Tienen 31 y 36 años y siguen viviendo con sus padres a la espera de ser agraciados con la VPO para empezar un proyecto de vida, según su madre. «Éste es nuestro cuarto sorteo y la verdad es que es difícil, hay mucha gente. La única solución es la VPO porque para irse de alquiler, mejor que paguen por algo que es suyo», comenta.
El sorteo empieza con una vivienda adaptada a personas minusválidas, a la que aspiran 6 solicitantes. El agraciado es el número 1.026. A continuación, 39 viviendas más, 34 de ellas de tres dormitorios y cinco de dos, de entre 71 y 56 metros cuadrados.
Uno de los aspirantes ejerce de mano inocente. Cada vez que saca una de las bolas, la mira con tensión. Pasa un número, pasa otro. Y los nombres de los afortunados se reflejan en la pantalla.
Entre el público reina el silencio y las caras son de expectación. Mari Ángeles Díaz y su novio Rafa siguen atentos el proceso. Llevan siete años esperando, pero son optimistas. «Nos casamos este sábado, esperamos que esta vez nos toque», aseguran.
El sorteo termina y nadie de la sala está entre los agraciados. Los 40 afortunados no han asistido a la rifa. Se saca un último número, el 39, que servirá de referencia por si alguno de los afortunados renuncia. «Seguro que alguien lo hace», dicen los responsables de la promotora, intentando consolar a los asistentes. A ellos, les esperan nuevos sorteos. A los afortunados, una nueva lotería, la concesión de la hipoteca.

