El regulador británico de la comunicación, Ofcom, ha recibido numerosas quejas por el trato dado a Susan Boyle en el concurso «Britain´s Got Talent», e investigará si la productora contravino uno de los artículos del código de conducta que regula las televisiones: «personas en un estado de angustia no deberían ser puestas bajo la presión de participar en programas o dar entrevistas a menos de que esté justificado».
La escocesa sigue atendida en una clínica psiquiátrica, donde ingresó el domingo por agotamiento mental. Según su hermano Gerry, lo que más ha afectado a Susan, además de la presión mediática y de los despiadados titulares de algún medio por los pocos tacos que soló en un momento de nerviosismo, es sentirse sola fuera de su casa, rodeada de gente que apenas conoce y sin saber qué va a ser de su futuro. Eso le ha provocado un «ataque de pánico» que podría apearla del tour que iba a realizar con el resto de finalistas de «Britain´s Got Talent», concurso en el que quedó en segundo lugar. También podría cancelar una gira por EE.UU. Aunque «Britain´s Got Talent» está pagando ahora la cuenta del tratamiento en la clínica, se le ha criticado no haber prevenido el efecto que la fama planetaria podía tener en una mujer que apenas había salido de su pueblo de Escocia.



