Giovanni Papini. Traducción de Paloma Alonso Alberti. Rey Lear Editores (Madrid 2009). 126 páginas

El escritor Giovanni Papini /ABC
Actualizado Miércoles, 03-06-09 a las 20:08
Giovanni Papini (1881-1956) fue uno de los principales renovadores (y agitadores) culturales de la Europa de la primera mitad del siglo XX y en cambio sus ecos en la actualidad son bastante modestos. Su díptico “Gog” y “El libro negro” y la autobiografía que mandó a la imprenta apenas cumplidos los treinta (“Un hombre acabado”) son los únicos títulos que han sobrevivido al paso del tiempo con cierta decencia.
Polemista incansable y polígrafo contumaz, Papini cultivó un estilo propio que le sitúa en algún punto nada claro en medio de las ficciones borgianas, los valores estéticos de los decadentistas y el literato que mejor plasmó las oscuras ideas de los pensadores finiseculares. Todo con una forma tan madura como accesible, que tendía a florecer en frases redondas de impecable factura.
Una personalidad marcadísima ya patente en este “El piloto ciego” (1909) escrito cuando el autor florentino apenas tenía 28 años. En la senda de los jóvenes autores de principios de siglo que introdujeron el tema del absurdo y cuestiones metafísicas en su producción (Kafka, el estandarte de todos ellos) Papini nos regala una colección de trece cuentos, que al margen de las comparaciones con L’Isle-Adam o Poe, son inclasificables.
Bajo la apariencia de ejercicios de estilo en primera persona, cada uno de los relatos de “El piloto ciego” es una pastilla concentrada de temas filosóficos. Ideas que parecen tan claras cuando se leen que son imposibles de explicar sin utilizar sus propias palabras. Literatura de puro goce, que invita tanto a la reflexión como a continuar él mismo los relatos de Papini. Desde el lirismo trascendental de “El reloj detenido a las siete” a la disección lógica del rey de los sentimientos en “453 cartas de amor” pasando por el Schopenhauer suicida y trastornado protagonista de “Una muerte mental”, Papini demuestra un sentido del ritmo y una profundidad en sus temas que siendo como es “El piloto ciego” una obra pequeña, bastaría para encumbrar a su autor entre los grandes.
Un impresentable de prosa impresionanteY es que tan injustamente ha sido olvidada su obra como mereció su persona caer en la sorda indiferencia a la que el siglo XXI le condena. Oportunista y mezquino, Papini no dudó en su juventud en afirmar que Jesús y San Juan Bautista mantuvieron una relación homosexual, para cuando cambiase el viento abrazar la ortodoxia católica y firmar su santurrona “Historia de Cristo”. Se adhirió al fascismo de Mussolini, se benefició de él mientras duró y sobrevivió a la posguerra idolatrado por el sector más rancio de la derecha italiana sin renunciar ni un ápice sus ideas cavernarias y antisemitas. Una de sus últimas barrabasadas fue publicar una entrevista falsa a su amigo Picasso en plena Guerra Fría, que suavizase las ideas izquierdistas del malagueño, a encargo de la propaganda de la OTAN. Una joya.
Cuesta mucho relacionar al miserable de la peor calaña que nos cuenta su biografía con el mago sensible e inspirado de sus relatos, que rozan la perfección. Borges lo comparaba con Proteo por la habilidad con la que cambiaba de registro sin traicionar a su estilo. “Historiador de la literatura y poeta, pragmatista y romántico, ateo y después teólogo” Un escurridizo y enigmático autor, que simboliza mejor que nadie lo mejor y lo peor de una época en la que la literatura estaba repleto de gigantes y enanos.

