Luis Suárez pasa revista a las grandes aportaciones de España al mundo
JULIÁN DE DOMINGO El historiador Luis Suárez en su estudio madrileño
Martes, 02-06-09
Los franceses y los ingleses no tienen ningún conflicto con su Historia: están orgullosos de ella. ¿Qué nos pasa a los españoles que nos sentimos incómodos con el pasado y que muchas veces nos empeñamos en ser valedores de los juicios más adversos sino es que de la mismísima leyenda negra?
Para el historiador Luis Suárez se trata de «un defecto que tenemos desde hace mucho tiempo: el de menospreciar nuestra Historia y, por consiguiente, no entender lo que verdaderamente España ha hecho. ¿Por qué? En esto creo que la influencia de la Enciclopedia fue nefasta, ya que nos ponía a caer de un burro. Pero, todavía hoy, nosotros estamos contribuyendo a desplegar esa especie de juicio negativo. Pero, cuando reflexionamos sobre nuestro pasado, no cabe duda de que lo que España ha hecho es muy importante, lo mismo en pequeños detalles que en las grandes cosas».
A lo largo de «Lo que el mundo le debe a España» (Ariel) -libro que el pasado viernes presentaba Fernando García de Cortázar- Suárez pasa revista a esas grandes aportaciones. «Por aquí entró el número cero en Europa -enumera el historiador a ABC-, algo que llevará al cáculo infinitesimal... Por aquí entró Aristóteles. Aquí es donde por primera vez en una ley fundamental se reconocen los derechos humanos... Aquí se hace la primera traducción importante de la Biblia a una lengua ordinaria. Aquí es donde por vez primera se elimina la servidumbre... Ocurría allá por el año 1035, cuando en el Fuero de León se le da al siervo el derecho de marcharse cuando quiera y ser libre, llevando sus bienes muebles consigo. Y en 1480, Isabel la Católica ordenará que se eliminen cualquier resto de servidumbre».
En España también se introduce la institución del vasallaje, que es una cosa diferente a lo que mucha gente piensa. «Significa el comienzo de la libertad, algo que muchos historiadores de fuera no han comprendido. En realidad, vasallo y señor se prestan recíproco juramento, pero el juramento no es válido si quienes lo emiten no son hombres libres. Luego, el hecho de ser vasallo es el reconocimiento de la libertad.. La Carta Magna inglesa no es más que una carta de vasallaje aplicada a todos los súbditos y hoy, cuando hablamos de libertades y aludimos a la Constitución, en realidad estamos haciendo un elogio del vasallaje sin darnos cuenta».
De las Cortes a los Comunes También España introduce en Europa las primeras instituciones políticas verdaderamente representativas. «Claro, creamos órganos de representación de los que forman parte los tres estamentos y de ahí vienen las Cortes, que serán el germen del parlamentarismo. Y lo hacemos antes de que en Inglaterra se constituyan los Comunes, pues aquí los tres estados ya estaban en las Cortes de Castilla desde 1188... y luego en las de los otros reinos. En Inglaterra no llegarán sino hasta 1258... Ya ven cuánto nos adelantamos nosotros».
España también fue innovadora en América. «No crea colonias, organiza y reconoce reinos que van madurando hasta que forman lo que hoy son las naciones hispanoamericanas. El error lo cometió Fernando VII, que tenía que haber cumplido los acuerdos de las Cortes de 1780, por los cuales se iba a ir elevando el nivel de los virreyes, que tenían que ser infantes, hasta llegar, poco a poco, a una autonomía administrativa, de tal manera que sólo se acabara manteniendo -como así hizo Inglaterra- la unión económica. Hablar de guerras de Independencia en América es erróneo, pues son guerras civiles: en realidad hablamos de españoles que estaban enfrentados. Y es que, cuando Fernando VII vuelve después de la guerra contra los franceses, en vez de pensar que había que reformar la Constitución de Cádiz, la deroga completa, y así pasó lo que pasó en el siglo XIX aquí y en América...»
Por último, hablando de épocas muy recientes, Luis Suárez se pregunta: «¿Qué país quedó al margen del Holocausto con una claridad tan grande como España? Otros ayudaron, es verdad, pero aquí no fue un señor Schindler, sino un país entero el que, aprovechando las leyes que había hecho Alfonso XIII (por las que se otorgaba la nacionalidad a los sefardíes), salvó la vida de miles de judíos y no se mezcló en ese crimen tan terrible».

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