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Peligro de vacación
Domingo, 31-05-09
LA pasada semana era Miguel Roca quien en Esade clamaba contra la acción política como causa de la situación actual. Además, en el caso de la política, lo malo muchas veces no es la acción o falta de acción, sino la mal dirigida actuación.
En el mismo sentido, creo yo, durante la semana que hoy concluye era el Círculo de Economía el que a través de su Presidente reclama también un cambio de actitud a políticos y demás agentes sociales, solicitando como consecuencia un punto de partida en común que sirva de lanzadera o plataforma de recuperación. Deseo complicado el del foro catalán, que seguro que por experiencia conoce el peso de la política en cualquier pacto económico y empresarial.
En todo caso, cierto es que la caída no puede durar una eternidad y, desde ese punto de vista, no hay que desdeñar que cada vez se encuentra más cerca el final de la continuada caída que se experimenta en la actualidad. Sin embargo, tampoco hay que pensar que la recuperación sea cuestión de un santiamén.
Muy al contrario, hay dos factores que contribuirán a una lenta recuperación: primero, el proceso de reducción en la concesión de crédito por parte de las entidades bancarias, que deben y deberán acometer un proceso de ajuste entre sus activos, pasivos y recursos propios, que reconduzca a una situación de mejor y mayor tolerancia de los riesgos contraídos en los últimos años. Recordarán al respecto que en otras ocasiones les hemos dicho que el crédito se convertirá en un recurso escaso y, por ello mismo, más caro de lo que ha sido hasta la actualidad. Y dicho queda otra vez.
Junto a ello y en segundo lugar, se ha de señalar que uno de los mejores indicadores históricos de la economía española, como era el ratio de deuda pública sobre producto interior bruto (PIB), está en camino de desfallecer. Uno de los criterios de convergencia de los Estados miembros de la Unión Europea hace referencia al mantenimiento de un nivel de deuda pública inferior al 60% del producto interior bruto y España era de los Estados con una fracción más baja, que dejará de serlo por el doble efecto, concurrente además en la misma dirección, de la reducción del denominador por causa de la crisis y del aumento del numerador como resultado del incremento de la emisión de deuda por el Estado con la finalidad de obtener financiación. Odisea, la de obtención de financiación, que si ya es de por sí complicada para el sector público, más lo es para las empresas que operan en el ámbito privado de la producción. Como la textil Dogi, que esta semana ha anunciado concurso de acreedores con un pasivo superior a los 42 millones de euros, o la Seda de Barcelona, cuyos problemas de financiación parecen impedir la compra de materia prima con la que alimentar su producción.
Quienes sí van a mejorar, siempre que sus préstamos sean a puro interés variable, son las familias hipotecadas. Y es que la media del euribor a doce meses para las hipotecas y demás financiación se ha situado en el mes de mayo en el 1,64%, casi tres puntos y medio por debajo del nivel de hace ahora mismo una anualidad. Lo cual, tiene un doble efecto favorecedor: uno, que aumenta la renta disponible para el consumo y, dos, que contribuye a la moderación en el infernal ritmo de crecimiento de la morosidad, verdaderas hemorragias por las que se pierde a raudales la solvencia de las entidades de crédito y que, por tanto, contribuye y empeora las expectativas de recuperación. Por ello, es una buena noticia que esperemos que favorezca al sector.
Pero igual que favorece a las familias, lo hace con las empresas pues reduce con ello el coste financiero de su financiación. Por ende, afloran recursos que podrán destinarse a fines distintos que el pago de esa financiación. Como, por ejemplo, a una mayor contratación. Y es, si antes hablábamos de hemorragias, hemos de hablar de dónde colocar el torniquete para frenar lo que es, en estos momentos, el gran drama nacional, que no es sino la cifra de desempleo creciente a nivel estatal. Pues es aquí donde hay que situar ese torniquete, porque sólo quien consigue mantener y, no digamos ya, recuperar y conservar con visos de estabilidad su puesto laboral es quien podrá contribuir a una recuperación en el consumo y la inversión.
Pero para eso hace falta algún tipo de acción. Sugiero alguna inmediata reacción, porque ya quedan pocas semanas para el cierre del período parlamentario en vigor. Y ya saben que, llegado ese momento, hasta la oposición se va de vacación.
Juan Ignacio
Sanz
Profesor de
ESADE
A TORO PASADO
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