Corrida de la prensa
Monumental de las Ventas. Martes, 26 de mayo de 2009. Fuera de abono.. Casi lleno. Cuatro toros de Parladé y dos de La Laguna, sin fondo, (2º y 4º); de menos a más en presentación, con cara; destacó el buen 3º, el bravo 5º y el 6º.
Uceda Leal, de blanco y oro. Cuatro pinchazos y media (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada (silencio).
El Fandi, de grana y oro. Cuatro pinchazos, estocada corta y descabello (silencio). En el quinto, estocada caída (silencio).
Daniel Luque, de fucsia y oro. Media estocada tendida muy trasera, pinchazo, estocada pasada y tres descabellos. Aviso (saludos). En el sexto, estocada muy trasera y descabello. Aviso (oreja).
Publicado Miércoles, 27-05-09 a las 00:23
La centenaria Corrida de la Prensa se la había prometido a Álvaro Martínez hace mil años. «Tienes que ver a Daniel Luque», le dije en su día. Y Alvarito vio a Luque. Cómo lo vería que se partía las manos aplaudiendo. Y con razón. La Oreja de Oro de la Prensa ya es un premio, pero es que pudieron ser tres o cuatro, más que doradas, peludas. De las que valen su peso en oro, contratos y caché.
Daniel Luque tuvo ayer el toreo en su mano y en su espada. Pero la espada deriva a una tendencia traserísima sin muerte. Luque había puesto la plaza boca abajo con una faena personalísima y ojedista, heterodoxa y distinta, memorable. Memorable significa que se recordará. Porque estaba la promesa en ciernes de romper el cascarón en la clasificación normal, muy asentado siempre, de una obra clásica, cuando se iluminó y se deshizo de la espada con la mano derecha. Y de repente empezó a torear cambiándose constantemente la muleta de mano. A un natural con la diestra le seguía otro con la zurda, cambiado el avío por la espalda, clavadas las zapatillas, una y otra vez, y la plaza hervía como una olla a presión que acallaba a las cuatro voces hostiles eternamente contra todo. Original y con cojones Daniel Luque desde sus veinte años, no sólo por la quietud, sino por la osadía de intentar lo distinto. ¡Que lo hagan otros! Y aquello lo ejecutó una y otra vez, contando, claro, con la bondad del toro de Parladé. Conexión hubo por un tubo, sobrado el tío hasta el punto de coserle a la embestida muletazos con el reverso, como si estuviese en un tentadero, con la misma facilidad y tranquilidad. Las bernadinas se ajustaron como todos los pases que bañaron en sangre la taleguilla. Hervía Madrid, pero el acero azul cayó como un jarro de agua fría en el lomo del toro. Tan pasado varias veces que sonó el aviso, que no apagó el incendio de una ovación de ésas que suenan a verdad.
El sexto de Parladé, de los cuatro que lidió, era un tío de 610 kilos que no cabía en la muleta. Grandón y bonachón. Empujó en el caballo hasta derribar con la fuerza de una cuajada riñonada, el turbo de los toros. Tantos palos que le damos a Juan Pedro e hijos, o a los hijos de Juan Pedro también, y hemoderivados, cantemos hoy su gloria. Daniel Luque, firme, ligado, sabroso en los pases por bajo, trincherillas y trincherazos y otros del desprecio, quiso hacer todo en orden, y no era, ni mucho menos fácil, por el volumen y la envergadura. La ligazón trajo el fervor, y la oreja de veras esta vez, que se hace poco para tarde tan marcada.
El quinto fue un toro bravo aun sin terminar de rebosarse. Vivo, pronto, encastado, que juntaba las manos en son de paz. El Fandi estuvo en lo suyo y por debajo. De los toros de la feria. Redondeó mejor el tercio de banderillas con el anterior, un cinqueño de La Laguna sin fondo.
Poco fondo también otro de cinco años para un Uceda Leal elegante con la mano derecha lo que duró. Ni una ovación le dieron a Uceda en su reaparición en Madrid tras la cornada del Domingo de Ramos. No valió nada el manso primero, que siempre apretó hacia los adentros. Sin espada José Ignacio Uceda Leal es como una rubia calva.