Martes, 26-05-09
Por vez primera, un gran museo internacional decide reorganizar todas sus colecciones para presentar la historia del arte del siglo XX desde un punto de vista femenino, echando los primeros cimientos de una historia femenina del arte contemporáneo.
La exposición Elles reúne en el Centro Pompidou unas 500 obras de más de 200 artistas mujeres, ofreciendo una panorámica global, que tiene muchas facetas dramáticas.
Vanguardias históricas
De entrada, Elles hace un primer balance del puesto de las mujeres en la floración del arte resueltamente contemporáneo, con una participación altamente significativa en todas las vanguardias históricas. Sonia Delaunay, Frida Kahlo, Marie Blanchard, Maria-Elena Vieira da Silva, Dorotea Tanning, entre muchas otras, europeas y americanas, ofrecen perspectivas íntimas muy significativas.
Pero es a partir de los años 60 del siglo pasado cuando artistas como Niki de Saint-Phalle, Orlan, Esther Ferrer y las performers europeas y americanas consuman una revolución que pretendía la «subversión» de todos los valores. El cuerpo femenino, desnudo, crucificado, con frecuencia, se convierte en «escenario» y «materia» de trabajo artístico. Quizá una de las encrucijadas de Elles sea la majestuosa obertura de dos obras de Niki de Saint-Phale, «Crucifixión» (circa 1965) y «La recién casada», o «Eva - María» (1963). El cuerpo desnudo evoca una crucifixión rosa. Eva - María es una recién casada mítica y melancólica.
El happening, la performance y las acciones poéticas de los años 60, 70 y 80 del siglo pasado instalarían el cuerpo femenino en el corazón de la creación artística. Una mujer como Orlan convierte su propio cuerpo, desnudo, sometido a mil y una metamorfosis, en un objeto artístico, crítico y feroz, denunciando con agresividad purificadora las corruptelas de un «arte» convertido en basura mercantilista.
Por su parte, las activistas norteamericanas utilizaban el pop como instrumento de agitación, recurriendo a la publicidad y el porno soft como armas de combate crítico, con alegre virulencia.
A la luz de Elles, las grandes artistas pioneras, de Sonia Delaunay a Louise Bourgeoise, de Marie Blanchard o Ángeles Santos Torroella, a Joan Mitchell o Georgia O´Keeffe, las mujeres comenzaron con conquistar su propio puesto, individual, solitario -con frecuencia- en la historia del arte, siguiendo, en paralelo, una historia de la creación «dominada» (¿?) por los hombres.
Códigos íntimos
A partir de los años 60 del siglo pasado, artistas como Niki de Saint-Phale, Orlan o Esther Ferrer crean e imponen, con su talento, formas de hacer propias, mucho más audaces, con frecuencia, que la de sus colegas hombres. Las metáforas críticas de Orlan, las performances de Esther Ferrer, no siempre tienen paralelos «masculinos». Grandes fotógrafas, como Cindy Sherman o Annie Leibovitz, han impuesto con mucho brío unos códigos creativos muy personales, íntimos...
Elles sólo cuenta la historia del puesto de la mujer en la historia del arte contemporáneo a través de las colecciones del Centro Pompidou. No es poco. Se trata de una novedad radical. Quizá debieran seguir otras, siguiendo la ruta abierta por Elles.



