
Martes, 26-05-09
MARÍA GÜELL
BARCELONA. Un poco de argot quinqui para entrar en materia. Guita: dinero. Loro: aparato de música. Peluco: reloj de muñeca. Madero: Policía Nacional. Tronco: compañero de aventura (¡muchas de estas palabras siguen de rabiosa actualidad!).
El lumpen que corría por los ochenta llegó al cine de la mano de sus propios protagonistas. El ejemplo de «Yo, el Vaquilla», el filme de José Antonio de La Loma que protagonizó El Vaquilla (Juan José Moreno Cuenca) ilustra muy bien el fenómeno que fusionó la biografía de los delincuentes con sus apariciones en la prensa, en las películas y las novelas.
El Torete fue otro de los que vendió su historia como guión cinematográfico. Y El Jaro también ocupó muchas columnas en la sección de sucesos; murió el 24 de febrero de 1979 a los dieciséis años y en el momento de su muerte llevaba en el bolsillo recortes de prensa donde relataban sus gestas.
Las vidas de estos delincuentes es bien triste y la mayoría tuvieron una muerte prematura; la palabra rehabilitación no fue más que una falacia para todos ellos. El Pirri murió con 23 años; José Luis Manzano con 29; Sonia Martínez y El Torete con 31; Antonio Flores con 33 y El Vaquilla con 42.
La exposición «Quinquis de los 80» repasa las películas más taquilleras del cine español que evidenciaban la inseguridad ciudadana y que reflejaban con pelos y señales los sucesos de la calle. El cine quinqui se delimita entre 1977 y 1985 y se abre con el estreno de «Perros callejeros» y se cierra con la biografía de El Vaquilla, narrada por él mismo desde la cárcel. Dos últimos coletazos fueron «27 horas» (1986) y «La estanquera de Vallecas» (1987). Pero las secuencias de estas películas fueron tan realistas que llegaron a ilustrar las noticias de sucesos.
Los quinquis se convirtieron en personajes cotizados por sus hazañas y dignos de ilustrar las portadas de algunas revistas de papel couché como Pronto, Nuevo Vale, Semana o Garbo. Así se alzaron al nivel de las «celebrities».
Las películas se hacían rapidito, como los mismos atracos. De las treinta cintas que conforman este género muchas fueron taquilllazos que estuvieron mucho tiempo en pantalla, pero la mayoría pasaban rápido a circuitos de barrio en Madrid y Barcelona, canteras de estrellas fugaces.

