
Lunes, 25-05-09
Benedicto XVI lanzó ayer un fuerte llamamiento a la paz desde la abadía benedictina de Montecassino, completamente destruida por los bombardeos aliados el 15 de febrero de 1944 para poner fin a la resistencia de un destacamento alemán que les cerraba el paso hacia Roma. El Papa recordó que «he ido a Tierra Santa como peregrino de paz, y hoy quiero subrayar de nuevo que la paz es, en primer lugar, un don de Dios».
En la misa celebrada para unas veinte mil personas en la plaza de Cassino, el Santo Padre se refirió al lema «PAX» que figura «en la entrada de la abadía y de todos los monasterios benedictinos», recordando que la paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, resultado del esfuerzo humano. Poco después, en un saludo en inglés, el Papa manifestó que «en este lugar donde tantas personas perdieron la vida en la Segunda Guerra Mundial, rezamos especialmente por las almas de los caídos, y rezamos por el fin de todas las guerras que continúan afligiendo al mundo».
«Da a todos los que aún sufren debido a guerras fratricidas la fuerza de la esperanza invencible, la valentía de la paz y la confianza en la civilización del amor. Que los hombres de nuestro tiempo comprendan que la paz es el tesoro más preciado y preparen a las nuevas generaciones a un mundo donde reinen la justicia y la paz», pidió el Obispo de Roma.
Las cuatro batallas de Montecassino, desde enero a mayo de 1944, costaron la vida a miles y miles de soldados, enterrados en los cementerios nacionales que rodean la montaña. Como recuerdo a los caídos, el Papa visitó el cementerio militar polaco, quizá el mayor fuera de Polonia, donde también estuvo varias veces Juan Pablo II.
Crisis de desempleo
En su visita, Benedicto XVI abordó también problemas mucho más inmediatos en la zona de Cassino, donde el cierre parcial de una gran fábrica de la Fiat ha dejado a mucha gente sin trabajo. El Santo Padre confirmó a los empleados de la planta automovilística y de la industria auxiliar que está informado «de la situación crítica de tantos obreros», por lo que manifestó su solidaridad «a quienes viven en una situación de precariedad laboral, a los trabajadores en subsidio de desempleo y a quienes han perdido su trabajo».
El Papa recordó a las autoridades y a los empresarios que deben «buscar soluciones a la crisis de desempleo creando nuevos puestos de trabajo para proteger a las familias». En esa línea, el Santo Padre insistió en que «la familia tiene hoy urgente necesidad de una protección mejor, puesto que sufre ataques en la misma raíz de su institución».
Como estudioso de la espiritualidad benedictina, el Papa comentó que se resume en el lema «ora et labora et lege», incluyendo el tercer componente, la lectura, que es menos conocido. En ese contexto, rindió homenaje a la labor cultural de los monasterios, que lograron conservar la cultura clásica en sus bibliotecas durante los años oscuros de la Edad Media en Europa.
Transmitir valores
Benedicto XVI subrayó la importancia de que las universidades y escuelas sepan transmitir a los jóvenes «los valores irrenunciables de nuestro patrimonio humano y cristiano». El Papa viajó hasta Montecassino en helicóptero y comenzó la jornada celebrando la misa en la plaza principal de Cassino. Desde allí subió en automóvil a la abadía situada en lo alto del monte, donde se reunió con los abades y abadesas benedictinos de todo el mundo, así como aproximadamente medio millar de monjes de la familia espiritual fundada por San Benito.


