Bill Clinton la fumó en sus años universitarios, pero con insistencia en que nunca inhaló. Barack Obama no solamente la probó sino que la inhaló «frecuentemente porque de eso se trataba». Y ahora, las más recientes caladas dentro de la historia de la mariguana en Estados Unidos provienen curiosamente de una California en bancarrota presupuestaria.
El gobernador Arnold Schwarzenegger -que en en su juventud también tuvo su fase «porrera»- se ha hecho un poco más famoso al plantear este mes la conveniencia de empezar a estudiar la legalización de la mariguana en el Estado más grande de la Unión. Pero no con el objetivo de facilitar la lucha contra el narcotráfico o para ayudar en el tratamiento de los adictos. Ni tan siquiera con argumentos de libertad personal o porque los «hippies» se están haciendo mayores para el trapicheo.
La peculiar lógica apuntada por el «gobernator» es que la mariguana legalizada -con su correspondiente carga fiscal- puede suponer una atractiva fuente de ingresos para aliviar la bancarrota presupuestaria de California. Un Estado cuyos habitantes, en consulta popular, rechazaron la semana pasada reformas de disciplina fiscal, y que por segunda vez desde enero empieza a no tener dinero para pagar todas sus cuentas pendientes. Además de forzar dolorosos recortes en servicios públicos y la venta de propiedades como la prisión de San Quintín.
El Consejo de Equiparación, la entidad en California encargada entre otras cuestiones de los impuestos estatales sobre el tabaco y el alcohol, ya ha empezado a hacer cuentas. Con una tasa de 50 dólares (unos 37 euros) sobre cada onza de mariguana (28,3 gramos), las arcas públicas californianas podrían ingresar la atractiva cantidad de 1.340 millones de dólares (1.030 millones de euros) al año. Y de hecho, ya hay un proyecto legislativo circulando por la Legislatura estatal que permite la producción, compra, venta y posesión de mariguana para mayores de 21 años.
Barack Obama no solamente la probó sino que la inhaló «frecuentemente porque de eso se trataba».
En 1996, California ya aprobó el uso médico de la mariguana con receta. Sin que falten encuestas de opinión más recientes que reflejan una clara mayoría a favor de sacar impuestos de su utilización «recreativa». Aunque tampoco faltan instituciones policiales y grupos críticos contra una medida con posibles repercusiones delictivas y de salud pública.
De acuerdo a los análisis financieros que maneja California, la legalización de la mariguana supondría una rebaja del 50 por ciento de su precio actual en la calle, y un aumento del consumo del 40 por ciento. Pero aunque una docena de Estados de la Unión ya permiten el uso de la mariguana con fines médicos -más o menos con el respaldo tácito del gobierno federal-, ninguna jurisdicción permite su uso festivo.
Obama sólo indicó que respalda descriminalizar la mariguana pero sin llegar a permitir su libre consumo. Para el «gobernator», sin embargo, las cosas están cambiando, y «aunque creo que no ha llegado el momento de la legalización, sí que creo que ha llegado el momento del debate».