
Lunes, 25-05-09
Más que «Génesis», como se titula su novela, se podría considerar un apocalipsis. El escritor neozelandés Bernard Beckett se confiesa optimista por naturaleza, así que habrá que concluir que, en la batalla final entre el hombre y el androide, el «pecado original» de éste supone de algún modo la esperanza.
«Génesis» (Salamandra) emplaza la acción en el mundo posterior a un conflicto mundial tenido lugar en 2050, en un reducto controlado por una dictadura en unas islas del Pacífico sur. Esa República se verá abocada a plantearse algunas preguntas elementales sobre la esencia del ser humano y la verdadera naturaleza de la conciencia de nuestra especie y las diferencias con la inteligencia artificial. Casi tan interesante como la historia es la misma forma de contarla. La narración fluye con las explicaciones que da la joven Anaximandro a los miembros del tribunal que la están examinando. Su tema de examen es «Vida y época de Adán Forde, 2058- 2077».
Es la octava novela del autor, pero la primera en tener gran repercusión internacional. Beckett afirma sobre uno de los argumentos de fondo de su libro que «no sé si será posible una máquina con mentalidad humana», porque «si no sabemos bien aún lo que es la mente humana, cómo vamos a duplicarla en una máquina», reconoce el autor. De todos modos, se muestra seguro de que nos acostumbraremos a prototipos parecidos a nosotros en algunos aspectos y que estableceremos relaciones emocionales con ellos.
Profesor de matemáticas
Nacido en 1967 en Nueva Zelanda, Beckett ha llegado a la ficción por la ciencia: profesor de matemáticas (también de drama e inglés) en Secundaria, consideró que hay cuestiones como la genética o la inteligencia artificial que los estudiantes apenas tratan en profundidad. «Para mí, la ficción ha sido un vehículo para explicarles esas cosas. La ciencia-ficción nos hace ver la Humanidad desde fuera, nos da una perspectiva exterior que nos ayuda a ver mejor a la persona humana».
Beckett hace una proclama en contra de las teorías de la conspiración. «Hasta el suceso más sencillo está sujeto a una maraña de combinaciones y posibilidades, pero la mente humana lucha contra esa complejidad. En épocas de conflicto, cuando fracasa la creencia en dioses simples, surge el culto a la conspiración», cuenta Anaximandro. Pero es la voz del propio Beckett.
En su opinión, «intentamos entender lo caótico y aleatorio estableciendo patrones, buscando regularidades y haciendo predicciones; nos sentimos más tranquilos así, aunque con ello perdemos mucha información». Las más famosas teorías de la conspiración -el 11-S y la muerte de Lady Diana (Beckett no está al corriente de la relativa al 11-M español)- son en realidad más difíciles de creer que lo inverosímil que intentan explicar.


