Actualizado Lunes, 25-05-09 a las 18:40
Mañana abre sus puertas en el Museo del Prado la gran antológica del pintor valenciano más universal, que hoy inaugura Su Majestad la Reina. ABC recorre algunas de las obras maestras del genial artista que incluye la muestra, de la mano de los especialistas en su obra, que han elaborado unas exhaustivas fichas en el catálogo. Aquí están sus primeras obras de fuerte carga social, sus célebres escenas de playa, así como los paneles de la «Visión de España», que pintó para la Hispanic Society de Nueva York.

Festín de Sorolla en ocho bocados
- «Cosiendo la Vela». (Ca'Pesaro, Venecia) Sorolla aborda esta obra en verano de 1896 en un patio del Cabañal de Valencia, pero debió terminarlo en Madrid. Era consciente del riesgo que el cuadro suponía. Se expuso en el Salón de París de 1897, donde cosechó un gran éxito, y en la Bienal de Venecia de 1905, en la que gustó tanto que fue adquirida por el Ayuntamiento de la ciudad. En España, sin embargo, la obra encontró mayor recelo por parte de los críticos.

Festín de Sorolla en ocho bocados
- «La vuelta de la pesca». (Museo d'Orsay) Este cuadro fue adquirido al pintor por 6.000 francos por el Gobierno francés para el Museo de Luxemburgo. Durante el verano de 1894 acudió con frecuencia a la playa del Cabañal, en Valencia, donde pudo ver esta escena. Lo envió al Salon des Artistes de París de 1895, donde triunfó y logró una medalla de oro. Dada la excelente acogida que tuvo la pintura, Sorolla realizó algunas reducciones y apuntes a instancias de amigos y clientes.

Festín de Sorolla en ocho bocados
- «Sol de la tarde». (Hispanic Society of America)Este impresionante lienzo fue pintado durante el verano de 1903 en la playa de Valencia. Constituye la apoteosis suprema de Sorolla como pintor de las faenas del mar, además de la culminación de su madurez en la conquista del color y la materia pictórica.

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- «El Bote Blanco». (Colección particular) Sorolla y su familia se trasladaron a Jávea en verano de 1905. Este cuadro constituye la expresión máxima de sus conquistas estéticas a la búsqueda de la pintura pura. Dos niños juegan con una barca. Destaca la audacia de la composición, con maestros reflejos de la luz en el agua.

Festín de Sorolla en ocho bocados
- «El baño del caballo». (Museo Sorolla) Es uno de los cuadros de playa más célebres de Sorolla y uno de los más emblemáticos de su producción. Fue pintado en 1090 en la playa del Cabañal y expuesto en vida del artista con el título «El caballo blanco». Se conjuga en él, como en ningún otro cuadro, la esencia del arte de Sorolla.

Festín de Sorolla en ocho bocados
- «Visión de España». (Hispanic Society of America) Son catorce monumentales paneles, pintados entre 1911 y 1919 por Sorolla para la Hispanic Society of America, desde donde han viajado por primera vez. Acaba en el Prado una itinerancia que les ha llevado durante más de dos años por Sevilla, Valencia, Málaga, Bilbao y Barcelona, donde han sido visitados por más de un millón de personas. Fue un encargo de Archer Milton Huntington para la institución americana. Cada uno de los paneles corresponde a una región de España. El mayor de ellos es el dedicado a Castilla. Sorolla se basa en estas obras en los tópicos más arraigados del «Typical Spanish», lo cual le ha valido no pocas críticas. Así, pinta nazarenos, toreros y mujeres ataviadas de faralaes bailando en las obras correspondientes a Sevilla.

Festín de Sorolla en ocho bocados
- «Triste herencia». (Colección Bancaja) Esta obra supuso la consagración internacional del pintor. Es también la culminación de la pintura social de Sorolla. La elaboración del cuadro tuvo lugar durante el verano de 1899 en Valencia. Estuvo a punto de abandonarlo, pero amigos como Blasco Ibáñez le disuadieron. Narra una escena que él mismo presenció: un hermano de San Juan de Dios ayudaba a unos pobres tullidos a que se metieran en el mar. «Era tan bello y tan triste -dice Sorolla- que me decidí a ponerlo en práctica».

Festín de Sorolla en ocho bocados
- «La Bata Rosa». (Museo Sorolla) Es una de las obras más brillantes y atractivas que realizó en sus años finales. Pintada en 1916, el propio Sorolla estaba entusiasmado del resultado: «Es la obra más importante, de lo mejor que he hecho en mi vida».

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