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Su filme bélico, exagerado y divertido tuvo el contrapunto de la pequeña voluta de humo de Alain Resnais
Actualizado Jueves, 21-05-09 a las 10:11
Que Quentin Tarantino y Alain Resnais compitan el mismo día por la misma cosa no puede ser más que una aberración del sistema, como los bonos basura. De hecho, que puedan poner la misma palabra en el apartado “de profesion”, viene a decir que hemos de desempolvar nuestro cerebro y nuestro léxico.

Uno llega con botas de clavos y otro en alpargatas y de puntillas. “Inglorious Basterds”, lo último de Tarantino, y “Les herbes folles”, del superviviente de la nouvelle vague Alain Resnais, se parecen todavía menos que las camisas de sus directores (aunque el alegre anciano francés llegó con una camisa roja como de cantaor flamenco que fue la envidia del personal, incluido Tarantino).
Y toda esta divagación para decir que ni uno ni otro trajeron lo mejor de su filmografia: “Inglorious basterds” es gigantesca, entretiene a ratos, tiene momentos pasablemente ingeniosos, varias disonancias históricas sobre el nazismo muy ocurrentes y provocadoras, un despliegue visual y musical acosumbrado…, pero uno tiene la impresión de que el que más se divierte con ella es el propio Tarantino.

En cuanto a “Les herbes folles” es un chorrito de agua, una filigrana, un adorno casi sin sustancia en una pared azulona o una voluta de ese humo blanco chez Resnais. El francés no movió ni una hoja y el italoamericano no rompió ni un solo árbol, por eso la proyección posterior de una película de terror repugnante de Sam Raimi, “Drag me to hell”, en la que a la protagonista le vomitaban encima todos los vivos y muertos del cementerio, le dio al menos algo de sabor (puagg) a la sopa del día.
La venganza de TarantinoLo de Tarantino es un filme bélico en la Francia ocupada por los nazis, y vuelve en esencia a uno de sus temas favoritos, la venganza. Uno de los protagonistas es Brad Pitt, que interpreta al jefe de un comando “cazanazis” y lo hace con el mentón de Marlon Brando en “El Padrino”, no se sabe muy bien por qué. No es que esté mal Brad Pitt, es que es del todo irrelevante… El gran personaje de la película es un coronel alemán, que interpreta Christoph Waltz, y que es como Sherlock Holmes y su lupa: ni se le escapa un judio ni una mala coartada. La tonalidad de la historia es jocosa, trivial, con sus puntos de violencia incontrolada que conectan de inmediato con el espectador natural de este director; no hay, como se puede suponer, ni el menor roce de la trama con la realidad, de hecho (y casi lo mejor) es su desfachatez histórica, el gustazo que se da Tarantino en que la realidad no le estropee los titulares de su guerra, que es otra, claro. Tal vez sea un resumen de su odea sobre la Memoria Histórica, que todavía no ha consensuado con Almodóvar. La impresión personal es que Tarantino tiene tantas posibilidades de ganar la Palma de Oro como si hubiera querido contar en el rodaje con la actriz Isabelle Huppert (presidenta ahora del jurado) y ella tras leer el guión se hubiera negado. ¿No habrá ocurrido tal cosa?
Y ahora lo raro: más vacuo todavía que Tarantino…, pues, Alain Resnais, que en “Les herbes folles” se queda encantadoramente cortísimo. Unos cuantos personajes adorables que interpretan sus habituales Andre Dussollier y Sabine Azema, cuyos pensamientos los filma Resnais mientras que sus voces en “off” nos los presentan en toda su marcianez. ¡Ah, el amor!, ¡Ah, la aviación!, ¡Ah, el azar!, ¡Ah… Y en francés todo suena mucho mejor, incluido el ruidoso desenlace… ¡Ah, la mort!... Se había dicho con cierta autoridad por ahí que Resnais era el gran favorito este año para la Palma de Oro, entre otras cosas porque se cumple el medio siglo de la nouvelle vague. Es una buena razón, a falta de otras.

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