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Martes, 19-05-09
Algunos jóvenes “turcos” de aquí y de allá se creen que pueden venir a Cannes y llevarse el premio al más provocador o al más bestia fácilmente. Una máquina de picar carne y unos cuantos fiambres y ya está. Ja. En esos y en otros terrenos, no hay nadie como Lars Von Trier. Uno ve su última película, “Anticristo”, y lo más normal que se le ocurre luego es untar dos tostadas con mayonesa, meter su propia mano en medio y cenar tranquilamente mientras se la cuenta a los amiguetes. No es “Anticristo” la película de un loco depresivo, sino la de alguien que sabe a la perfección dónde está la locura y la depresión, y lo detalla minuciosamente... Pero, ¿quién quiere verlo?
Mira que Williem Dafoe tiene la jeta apropiada para contener cualquier tara que se le ocurra a uno, y mira que ha hecho papeles arrugados y recogidos de cualquier estercolero: nunca se ha visto este actor metido en algo tan sórdido, feroz, insano... Y Charlotte Gainsbourg, la dulce hija de Serge G. y Jane Birkin, le pondría los pelos de punta a Hannibal Lecter. Son un matrimonio que acaba de perder a su hijo (una escena magistralmente enfermiza que comienza la película) y que se despeña entre el dolor, la culpa y la terapia.

Y eso es “Anticristo”, ver cómo se despeñan ambos entre un rosario de crueldades que se van amplificando hasta que el “ruido” se hace insoportable: hay al menos tres o cuatro escenas que al que las aguante con el ojo abierto le dan un premio (una camisa de fuerza con topos). Una cosa es lo desagradable, lo insoportable, lo cruel..., y otra muy distinta “Anticristo”, donde los cuerpos de sus protagonistas son terreno para que aren los bueyes y donde tuercas, tijeras, ruedas de molino tienen su sitio ahí... En fin, eso no dice otra cosa que Lars Von Trier llega hasta el mismo lugar lejanísimo al que se dirige, un lugar terrible y desde el que es más fácil volver a ayer que ir a mañana. Y a ver quién le encuentra el espectador adecuado a esta película: los cuerdos, por supuesto que no, pero lo locos mucho menos.
Veneno sin antídotoNo hay un antídoto contra el veneno de “Anticristo”, pero lo más parecido puede ser la película de Ken Loach que competía también hoy, “Buscando a Eric”, a cuyo protagonista, un tipo sin nada extraordinario salvo los problemas que le crean sus hijos, se le aparece el futbolista Eric Cantona, su ídolo, que le irá enseñando su filosofía de la vida para que resuelva la suya. Siempre se le aparece, al hombre, cuando le quita a su hijo algo de “hierba” y la lía, lo cual se toma como excusa para que la película no pierda con esta fantasía el tono “real” y social del cine de Loach. Lo real y lo fantástico no se molestan, como tampoco se molestan las graciosas ocurrencias de los personajes habituales de Loach y los sucesos tan dramáticos que cuenta en el fondo. “Buscando a Eric” podrá resultarle un tanto empalagosa a cualquier seguidor del Barça, con tanto Manchester y tanto Cantona, que actúa un poco envarado, como si acabara de fallar un penalti decisivo, pero la intención es que todo desborde simpatía, buen rollo, vitalismo, solidaridad y hasta amor del de toda la vida. Desengrasante.
En la Semana de la Crítica se proyectaba “Mal día para la pesca”, una coproducción hispano uruguaya que ha dirigido Alvaro Brechner y que tiene como protagonista (y co guionista) a Gary Piquer, que interpreta al gran Orsini, un buscavidas que va de pueblo en pueblo con un forzudo de feria y organiza peleas de pacotilla. Basada en un relato de Onetti, la película respira ese aire de realismo mágico tan de la zona, como si se viera la historia a través de un cristal que deforma levemente la realidad dándole un tono de cuento y dejándolo en medio de ese terreno entre la parodia y la tragedia.

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