
-La investigación de mi novela se centra en las enfermedades del sueño. Yo creo que no hay nadie en este mundo que quiera dejar de soñar.
-¿Se puede soñar despierto?
-Y si es posible, y eres afortunado, de noche. Hay que perseguir los sueños. Mis personajes son unos luchadores.
-¿Con qué lucha (o sueña) usted?
-Con que el lector perciba el profundo respeto que le tengo. Tardé seis años en «La importancia de los peces fluorescentes»[Suma de Letras]. Con los silencios literarios se habla mucho.
-De las más de 80 enfermedades del sueño, ¿cuáles de ellas son una pesadilla?
-El insomnio [más de doce millones de españoles lo padecen], la narcolepsia, cuando te quedas dormido de repente sobre el andamio, en un coche... algo dramático, y el síndrome de las piernas inquietas, menos conocida.
-Haga de Freud, interprételo.
-Cuando te vas a dormir empiezas a notar un cosquilleo tremendo en tu cuerpo que no te permite conciliar.
-¿Dónde ha estudiado los sueños?
-Con el doctor García Borreguero, que era subdirector de la Unidad del sueño en la Fundación Jiménez Díaz.
-¿Cada vez se duerme menos?
-Sin duda. Aquello me impactó. La noche es el mayor reducto de honestidad, sinceridad y transparencia.
-¿Cuando uno se acuesta, duerma bien o no, la vigilia es como verse en el espejo?
-Sí, somos muy rácanos en los esfuerzos. La noche nos hace iguales, nos une en la felicidad o en la infelicidad.
-Sí, somos muy rácanos en los esfuerzos. La noche nos hace iguales, nos une en la felicidad o en la infelicidad.
-Raymond Aron confesaba que sólo conciliaba el sueño en el Londres bombardeado por los nazis, por lo que se trasladó allí para poder hacerlo [J. Á. Juristo dixit].
-Todo es posible en esta vida.
-¿Qué importancia tienen los peces fluorescentes para salvar a los insomnes?
-Yo abro ventanas. Esa luz fluorescente, esa salvación, significa que los sueños se pueden cumplir.
-Si algo nos quita el sueño, ¿qué es?
-Puede que tengamos una buena conciencia, y nos preocupa haber hecho un mal gesto, haber tenido un mal detalle, una mala acción. O que estamos nerviosos, que padecemos estrés.
-Pero la vida es mucho más sencilla.
-La vida es complicada, pero mis novelas siempre son optimistas, como las anteriores «El currículum de Aurora Ortiz» y «Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar». Para poder mentir con verosimilitud hay que estar muy documentado. Lo que decía Mario Vargas Llosa, mentir con credibilidad. Nos complicamos la vida y nos precipitamos en una vorágine de falsedad que no nos hace felices.
-La vida es complicada, pero mis novelas siempre son optimistas, como las anteriores «El currículum de Aurora Ortiz» y «Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar». Para poder mentir con verosimilitud hay que estar muy documentado. Lo que decía Mario Vargas Llosa, mentir con credibilidad. Nos complicamos la vida y nos precipitamos en una vorágine de falsedad que no nos hace felices.
-¿Hay que creer en seres fantásticos (y no evidentemente superiores)?
-Yo creo en las hadas. Creo en los sueños. Lucho por los sueños. Así estoy de una forma activa en la vida. Porque anhelamos que llegue el viernes o agosto, ¡vaya desperdicio!, y un lunes puede ser un día fantástico. Estamos esperando en una posición demasiado pasiva. Yo escribo porque soy un torbellino muy activo. Quiero que las cosas cambien, poner el mundo al revés.
-Hablando de sueños, en la primera Feria del Libro de Madrid [volverá este año] una pesadilla horrible la cercó. Desvélela.
-Soñaba que la gente comía pipas, con esa cara de cretino que se te pone cuando comes pipas, paseaba a cámara lenta, y me echaban las cáscaras a la cara. Estaba muerta de miedo. Firmé 53 libros y recuerdo a las 53 personas.
-¿Por qué el momento de más sinceridad es la postura horizontal en la cama?
-En eso somos iguales los humanos, pero lamentablemente hoy quedan pocos reductos de sinceridad. En el poliedro que es la vida, la noche sugiere.

