El escritor y periodista italiano Umberto Eco durante la rueda de prensa /FRANCISCO SECO
Actualizado Miércoles, 20-05-09 a las 18:57
Umberto Eco principió a escribir cuentos y novelas entre los 8 y 15 años. Pero lo dejó todo, y lo retomó en el umbral de los 50. Antes de ese estallido de «madura falta de pudor» tuvo 30 años de pudor. Apocalíptico, socarrón, irónico, coñón, heredero de una infancia que vivió felizmente esquizofrénica, escuchar al príncipe piamontés de la cultura es pura delicia, incluidas las boutades que pueden poblar su discurso.
Él mismo lo reconocía: "En una conferencia de prensa uno responde muchas veces estupideces para salir al paso de las preguntas". En el nombre de los libros, extendió una mermelada de color y sabor rosa sobre la tostada de internet, le sacudió la badana a don Silvio el de las calzas políticas largas -"el fascismo gobierna hoy Italia"-, le atizó una soberbia colleja a los intelectuales divinizados por la izquierda, no descartó exiliarse en España, y profetizó: "No esperéis libraros de los libros".
Él mismo lo reconocía: "En una conferencia de prensa uno responde muchas veces estupideces para salir al paso de las preguntas". En el nombre de los libros, extendió una mermelada de color y sabor rosa sobre la tostada de internet, le sacudió la badana a don Silvio el de las calzas políticas largas -"el fascismo gobierna hoy Italia"-, le atizó una soberbia colleja a los intelectuales divinizados por la izquierda, no descartó exiliarse en España, y profetizó: "No esperéis libraros de los libros".
Antes de recibir la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, el hombre que escribió todas sus novelas en la edad madura, hizo esta mañana, en Madrid, una recomendación a Silvio Berlusconi, que el magnete no debería dejar de cumplir: "¿Qué obra le recomendaría a Berlusconi? No le puedo regalar ningún libro porque él ha dicho que lleva veinte años sin leer, pero puestos a regalar y de acuerdo a sus últimas noticias, sin duda, una "Lolita"" Se refería, por supuesto, a la novela de Vladimir Nabokov.
El maestro de la semiología acaba de publicar un proceloso ensayo, de 350 páginas, sobre el futuro que le aguarda al invento de Gutenberg, y al respecto profetiza: "¡No esperéis libraros de los libros!". Fruto de un debate con Jean Claude Carriere, y presentado en el Salón del Libro de Turín, la nueva obra de Eco analiza el soporte papel en relación a los nuevos contenedores informáticos (discos duros, etc...), y la conclusión tienen un eco unánime: "Si yo tuviera que dejar algún mensaje a la posteridad lo haría en un libro y no en un disquete de ordenador. Acabo de visitar su Biblioteca Nacional, magnífica, y he visto libros que tienen quinientos años, y otros más de mil. No sabemos cuánto durará un disquete de ordenador. Por ejemplo, los discos flexibles que hace años se nos vendían como la panacea han perdido toda su capacidad. Tenemos sospechas muy razonables de que esos disquetes no habrían podido superar los 30 años. Hace poco me preguntaron si yo sería capaz de leer a Proust en uno de esos artefactos o artilugios que se llaman e-book. Mi respuesta fue: yo soy un hombre bueno y no podía desearle un caos semejante a mis amigos".
«El fascismo gobierna italia»La niñez de Umberto Eco son recuerdos de una infancia "felizmente esquizofrénica", como me declaró en una entrevista a propósito de su novela "La misteriosa llama de la Reina Loana". Sostiene Eco que la dictadura nazi era "ideológicamente férrea y pura, no dejaba pasar películas o tebeos estadounidenses, dejaba circular algunas películas de amor con Zarah Leander o algunas de amor con Theo Linden, pero eso era todo; por lo demás, predominaba la educación de tipo militar, la cultura nazi en su estado más ascético. La dictadura italiana, quizá por debilidad cultural, estaba llena de agujeros. En el colegio te enseñaban que era maravilloso morir por la patria (nosotros no gritábamos «¡Viva la muerte!», pero casi), pero la radio te cantaba que "la vida es bella"; salían películas de propaganda sobre los heroicos soldados italianos, pero al mismo tiempo las denominadas películas de «teléfonos blancos», historias de amor y celos en ambientes de la alta burguesía; llegaban incluso las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers, que nos mostraban la vida estadounidense. Esta esquizofrenia fue benéfica para algunos de nosotros, que nos salvamos, y maléfica para otros, que ahora están en el Gobierno.
Eco mantiene que Italia va hacia atrás: "Los fascistas (por Silvio Berlusconi) dominan el Gobierno de Italia. Y dentro de poco los españoles dominarán el norte de Italia". Se le pregunta qué les pasa a los italianos para mantener en el poder a un tipo como Berlusconi, y Eco, erre que erre, se enfunda la bata del psicoanalista intelectual: "Los italianos están hechos así. Primero, apoyaron al fascismo. Luego lo abandonaron cuando el fascismo hizo morir a un millón de muchachos italianos en Rusia. Más tarde aceptaron cincuenta años de Democracia Cristiana, y ahora le abren las puertas a un personaje que cuenta chistes y actúa como un caudillo". Y el intelectual escenificó una boutade: "¡Ahora sólo hace falta que Berlusconi haga morir a un millón de muchachos italianos...! Pero yo soy demasiado viejo para asistir a una cosa así, por lo que si ocurre así me exiliaré aquí con ustedes, en España".
Eco mantiene que Italia va hacia atrás: "Los fascistas (por Silvio Berlusconi) dominan el Gobierno de Italia. Y dentro de poco los españoles dominarán el norte de Italia". Se le pregunta qué les pasa a los italianos para mantener en el poder a un tipo como Berlusconi, y Eco, erre que erre, se enfunda la bata del psicoanalista intelectual: "Los italianos están hechos así. Primero, apoyaron al fascismo. Luego lo abandonaron cuando el fascismo hizo morir a un millón de muchachos italianos en Rusia. Más tarde aceptaron cincuenta años de Democracia Cristiana, y ahora le abren las puertas a un personaje que cuenta chistes y actúa como un caudillo". Y el intelectual escenificó una boutade: "¡Ahora sólo hace falta que Berlusconi haga morir a un millón de muchachos italianos...! Pero yo soy demasiado viejo para asistir a una cosa así, por lo que si ocurre así me exiliaré aquí con ustedes, en España".
«Si no queréis terrorismo, haced la guerra»Sobre el terrorismo, Umberto Eco señaló que "el terrorismo italiano tiene poco que ver en común con el IRA, con el terrorismo vasco, con el de Al Qaeda o con el de los tigres tamiles, que terminó ayer. Una vez escribí un artículo de tipo científico donde se planteaba la idea de que Italia había entrado en guerra con Turquía, y las Brigadas Rojas se convertían en los grandes héroes. No hubo actos de terrorismo entre los años 1939 y 1945, pues hubo una guerra que causó cincuenta millones de muertos. El terrorismo es, pues, una explosión de violencia cuando no hay guerra. Si no queréis terrorismo, haced la guerra, aunque no guste. Porque en Vietnam no hubo actos de terrorismo. En los países más felices se mata en los estadios de fútbol".
La mermelada intelectualMaestro de energía a sus 77 años, mostacho en ristre que le hace absolutamente venerable, Umberto Eco sostiene que uno de los grandes errores es creer que el intelectual tiene virtudes proféticas: "El intelectual ha sido un mito de la izquierda". Y sobre las nuevas redes de comunicación -Facebook, blogs, etc...- Eco la definió magistralmente: "Tenemos una mermelada informativa de comunicación. Aún no hemos captado las dimensiones del fenómeno. Cada nuevo medio de comunicación no mata a ningún otro. La mermelada es un concepto que nació en Italia con las emisiones independientes; las primeras parecían auténticas alternativas políticas. Hoy han asumido todas el mismo estilo y cuando mueves el dial no sabes si estás escuchando una emisora fascista o una de izquierdas... Y esta mermelada sucede en Internet". Sobre los atentados contra la libertad de Prensa, aseguró Eco que ya no proceden de las dictaduras o las censuras -"por supuesto sí en países como la Rusia de Putin o en Corea del Norte"-, "si acaso hay una censura por exceso de información".
Por último, al ser preguntado sobre el fallecimiento de Mario Benedetti, Eco confundió por un momento el apellido con el de un escritor italiano que se apellida igual, pero con el "De" delante: "Hace poco se publicó en Italia que De Benedetti había muerto, y yo tuve que escribir un artículo para aclarar que no había muerto. De Mario Benedetti puedo decirle que siento su fallecimiento".


