Amenábar parecía ayer mismamente un fan suyo, de aquí para allá detrás del gran director de cine que atendía a todo el mundo, y llegó a su reunión con la Prensa internacional vestido de colega, vaqueros grises, camisa y tal, acompañado de una elegantísima y verde Rachel Weisz y de los jóvenes protagonistas de «Ágora», Max Minghella y Oscar Isaac (Davus y Orestes, en la pantalla).
Amenábar explicaba en inglés que, tras la instrospectiva «Mar adentro», necesitaba mirar a la imensidad del cielo, aunque lo que no dijo es que después de este oceánico proyecto y esta hercúlea película lo que padecerá, sin duda, es una «agorafobia» intratable. «Ágora», su filme «más ambicioso», ha sido ovacionado por el exigente público del Festival de Cannes. La película fue exhibida fuera de competición, dentro de la selección oficial del festival, y fue recibida con aplausos por periodistas y críticos presentes en su primera fase, en la que es la primera participación del director en el festival de cine más importante del mundo.
El único momento en el que Amenábar se dejó llevar por el entusiasmo fue cuando confesó sentirse «como un niño con zapatos nuevos» por su estreno en Cannes, la primera oportunidad de ver la reacción del público ante una película que, a pesar de ser tan ambiciosa en su carrera, «no ha sido traumática».
«Ágora» se remonta a la ocupación romana de Alejandría, entre los siglos IV y V después de Cristo, cuando el ascenso imparable del cristianismo derivó en la destrucción de la Biblioteca de Alejandría. Una mujer, la matemática Hipatia (a quien da vida la británica Rachel Weisz), fue su última directora. «Está a medio camino a lo comercial, pero es muy personal», declaró uno de los directores más importantes del cine español antes de la proyección de su quinto largometraje.
Amenábar aseguró que ha intentado representar «dos mundos en crisis» y los conflictos surgidos en una sociedad «que se está desintegrando», y añadió que aprecia paralelismos con la época actual. Además dijo no tener «la menor distancia» y no «sentir nada» al ver el filme terminado puesto que ahora se fija en detalles mientras llega la opinión de espectadores y críticos.
A pesar de las dimensiones de los esmerados decorados y de la gran cantidad de extras, el director comentó que «Ágora» no ha sido «la película más difícil de hacer». Llegó al set después de haber estado durante varios años trabajando en el guión y en la preparación del rodaje.
Rodada en la isla de Malta, la cinta es una de las producciones más costosas (50 millones de euros) del cine español. Además de «Ágora», en la sección oficial del festival, y en competición por la Palma de Oro, quedan por proyectar «Los abrazos rotos», de Pedro Almodóvar y «Map of the sounds of Tokyo», de Isabel Coixet.


