
Los siete astronautas que viajan en el transbordador Atlantis se enfrentan estos días a un riesgo sustancialmente mayor al que corren en otras ocasiones. En efecto, la altura a la que deben realizar las reparaciones del telescopio espacial Hubble (unos 700 km) está, literalmente, infestada de basura espacial.
Miles de piezas de satélites destrozados, restos de cohetes y piezas metálicas de todo tipo y tamaño «zumbando» alrededor a más de 30.000 kilómetros por hora hacen que esta zona sea un lugar especialmente peligroso. Un lugar en el que el transbordador y su tripulación deberán permanecer aún durante varios días antes de completar su misión y regresar a la seguridad de la Tierra.
Nicholas Johnson, científico jefe de la NASA para la basura espacial, ha asegurado que la situación no permite estar relajados. «Nos lo estamos tomando muy, pero muy en serio. El Hubble -continúa el científico- está siendo golpeado continuamente. Hemos visto ya marcas de miles de impactos».
Impacto en un ala
Hasta ahora, y desde que el Atlantis alcanzó su órbita, el transbordador apenas si ha sufrido un leve impacto en una de sus alas, aunque la NASA ha alertado ya del «paso cercano» de varios objetos de diversos tamaños durante los próximos días.
Durante las cinco caminatas espaciales previstas (ayer se llevó a cabo la tercera de ellas) los astronautas se exponen, esta vez, a un alto riesgo de «impactos potenciales», de hecho mucho mayor del que tendrían, por ejemplo, si estuvieran trabajando en una órbita «más limpia», como la que ocupa la Estación Espacial Internacional. En la mayor parte de los casos se trata de fragmentos de chatarra muy pequeños, esquirlas metálicas o simples tornillos, pero la velocidad a la que se mueven (a decenas de miles de kilómetros por hora) les garantizan una extraordinaria capacidad de provocar daños.
Situación de peligro
El Atlantis, pues, se encuentra en una auténtica situación de peligro. Si uno (o varios) de estos pequeños fragmentos alcanzaran el casco de la nave, podrían provocar agujeros que impedirían un regreso seguro del transbordador. La propia NASA ha cuantificado el riesgo de esta misión: existe una posibilidad entre 229 de un impacto catastrófico con un fragmento de basura espacial. Un riesgo muy superior al calculado para una misión a la Estación Espacial, que se cifra «sólo» en una posibilidad entre 300.
En todo caso, los responsables de la agencia espacial norteamericana han calificado la situación de «manejable». Y también los astronautas han aceptado expresamente el riesgo extra que implica la reparación y puesta a punto del telescopio espacial.
Si se produjera una situación de emergencia, la NASA pondría en marcha un detallado plan de rescate. Por supuesto, cualquier daño sufrido por el casco haría imposible el regreso del Atlantis a la Tierra. Por eso, el transbordador Endeavour está preparado en el centro espacial Kennedy para una salida inmediata. Si fuera necesario, esta segunda nave acudiría al rescate de los astronautas.
Paseos arriesgados
Pero los problemas podrían ser mucho mayores si el impacto no se produce contra el casco de la nave, sino directamente contra uno de los astronautas en pleno paseo espacial. A pesar de que los trajes están diseñados para resistir a las duras condiciones del espacio, no podrían aguantar la colisión directa de un fragmento de metal o de un micrometeorito a 30.000 kilómetros por hora.
Incluso en el caso de que el fragmento fuera microscópico, sería suficiente para agujerear el traje, lo que dejaría al astronauta pocos segundos para volver a la nave antes que que su traje se despresurizara por completo y le causara una muerte segura. Si el fragmento fuera sólo un poco mayor (la mitad de un tornillo) a estos problemas se añadirían los daños físicos directos sufridos por el desafortunado paseante espacial.
Los astronautas del «Atlantis» realizaron ayer la tercera caminata espacial de su misión en el Hubble para reparar una cámara fundida e instalar en el telescopio el Espectrógrafo de Orígenes Cósmicos, un instrumento capaz de detectar la luz de quásares lejanos. El viernes, los astronautas Mike Massimino y Mike Good ya instalaron nuevos giroscopios y baterías en el Hubble, lo que permitirá prolongar cinco años más su vida útil. El jueves, el telescopio recibió una nueva cámara de espacio profundo y un nuevo ordenador. Dos caminatas más serán necesarias para completar los trabajos.

