El "gobernator" Schwarzenegger abre el debate sobre la posible legalización de la mariguana como vía adicional de recaudación de impuestos para aliviar la bancarrota presupuestaria de California.
Publicado Domingo, 17-05-09 a las 14:43
Bill Clinton la fumó en sus años universitarios pero con insistencia en que nunca inhaló. Barack Obama, según sus propias confesiones, no solamente la probó sino que la inhaló "frecuentemente porque de eso se trataba". Los años sesenta, con Bob Dylan cantando sus excelencias, no se explican muy bien sin ella. Y ahora, las más recientes caladas dentro de la historia en Estados Unidos de la mariguana -el cáñamo índico con su capacidad para producir como dice la Real Academia Española "trastornos físicos y mentales"- provienen curiosamente de una California en bancarrota presupuestaria.
El gobernador Arnold Schwarzenegger -que en su juventud no solamente cultivó con intensidad la química del músculo sino que también tuvo su fase "porrera"- se ha hecho un poco más famoso al plantear la semana pasada la conveniencia de empezar a estudiar la legalización de la mariguana en el Estado más grande de la Unión. Pero no con el objetivo de facilitar la lucha contra el narcotráfico o para ayudar en el tratamiento de los adictos. Ni tan siquiera con argumentos de libertad personal o porque los "hippies" se están haciendo mayores.
La peculiar lógica apuntada por el "gobernator" es que la mariguana legalizada -con su correspondiente carga fiscal- puede suponer una atractiva fuente de ingresos para aliviar la bancarrota presupuestaria de California. Según los últimos datos de mayo, las arcas estatales de California tienen un déficit de más de 15.000 millones de dólares y por segunda vez desde enero no hay dinero para pagar todas las cuentas pendientes. Debacle fiscal que está forzando nuevos recortes en servicios públicos y planes para vender propiedades como la prisión de San Quintín.
El Consejo de Equiparación, la entidad en California encargada entre otras cuestiones de los impuestos estatales sobre el tabaco y el alcohol, ya ha empezado a hacer cuentas. Con una tasa de 50 dólares (unos 37 euros) sobre cada onza de marihuana (28,3 gramos), las arcas públicas californianas podrían ingresar la atractiva cantidad de 1.340 millones de dólares al año. Y de hecho, ya hay un proyecto legislativo circulando por la Legislatura estatal permitiendo la producción, compra, venta y posesión de mariguana para personas mayores de 21 años.
En 1996, por uno de esos referéndums típicos de su estilo político plebiscitario, California ya aprobó el uso médico de la mariguana con receta. Sin que falten encuestas de opinión más recientes que reflejan una clara mayoría a favor de sacar impuestos de su utilización recreacional. Aunque tampoco faltan instituciones policiales y grupos críticos contra una medida con posibles repercusiones médicas y delictivas.
De acuerdo a los análisis financiero que maneja California, la legalización de la mariguana supondría una rebaja del 50 % de su precio actual en la calle y un aumento del consumo del 40 %. Pero aunque una docena de Estados de la Unión ya permite el uso de la mariguana con fines médicos, más o menos con el respaldo del gobierno federal, ninguna jurisdicción permite su uso recreativo. El presidente Obama solamente ha indicado que respalda descriminalizar la mariguana pero sin llegar a permitir su libre consumo. Pero para el "gobernator", las cosas están cambiando y "aunque creo que no ha llegado el momento de la legalización, sí que creo que ha llegado el momento del debate".
El gobernador Arnold Schwarzenegger -que en su juventud no solamente cultivó con intensidad la química del músculo sino que también tuvo su fase "porrera"- se ha hecho un poco más famoso al plantear la semana pasada la conveniencia de empezar a estudiar la legalización de la mariguana en el Estado más grande de la Unión. Pero no con el objetivo de facilitar la lucha contra el narcotráfico o para ayudar en el tratamiento de los adictos. Ni tan siquiera con argumentos de libertad personal o porque los "hippies" se están haciendo mayores.
La peculiar lógica apuntada por el "gobernator" es que la mariguana legalizada -con su correspondiente carga fiscal- puede suponer una atractiva fuente de ingresos para aliviar la bancarrota presupuestaria de California. Según los últimos datos de mayo, las arcas estatales de California tienen un déficit de más de 15.000 millones de dólares y por segunda vez desde enero no hay dinero para pagar todas las cuentas pendientes. Debacle fiscal que está forzando nuevos recortes en servicios públicos y planes para vender propiedades como la prisión de San Quintín.
El Consejo de Equiparación, la entidad en California encargada entre otras cuestiones de los impuestos estatales sobre el tabaco y el alcohol, ya ha empezado a hacer cuentas. Con una tasa de 50 dólares (unos 37 euros) sobre cada onza de marihuana (28,3 gramos), las arcas públicas californianas podrían ingresar la atractiva cantidad de 1.340 millones de dólares al año. Y de hecho, ya hay un proyecto legislativo circulando por la Legislatura estatal permitiendo la producción, compra, venta y posesión de mariguana para personas mayores de 21 años.
En 1996, por uno de esos referéndums típicos de su estilo político plebiscitario, California ya aprobó el uso médico de la mariguana con receta. Sin que falten encuestas de opinión más recientes que reflejan una clara mayoría a favor de sacar impuestos de su utilización recreacional. Aunque tampoco faltan instituciones policiales y grupos críticos contra una medida con posibles repercusiones médicas y delictivas.
De acuerdo a los análisis financiero que maneja California, la legalización de la mariguana supondría una rebaja del 50 % de su precio actual en la calle y un aumento del consumo del 40 %. Pero aunque una docena de Estados de la Unión ya permite el uso de la mariguana con fines médicos, más o menos con el respaldo del gobierno federal, ninguna jurisdicción permite su uso recreativo. El presidente Obama solamente ha indicado que respalda descriminalizar la mariguana pero sin llegar a permitir su libre consumo. Pero para el "gobernator", las cosas están cambiando y "aunque creo que no ha llegado el momento de la legalización, sí que creo que ha llegado el momento del debate".

