Domingo, 17-05-09
R.B.
MADRID. «Hoy todos son celíacos», decía un guarda de seguridad en la entrada del recinto por el Camino de Perales. «O diabéticos», apuntaba otro. Eran las razones, verdaderas o falsas, para introducir alimentos en un sitio en el que no está permitido (hay que consumir los productos del interior y hacer cola en los puestos de perritos calientes y otros). Un scanner cancerbero rebusca en el interior de todas las bolsas que entran en la Caja Mágica. No se puede pasar comida (y bebida, sólo medio litro y sin tapón). Armas tampoco pero es más común que la gente lleve un bocadillo de tortilla de patatas que una beretta.
Dos papeleras y tres contenedores se alimentaban de toda la comida requisada a los espectadores no avisados. Antes de que se les ocurriera lo de los contenedores, se llegaron a ver decenas de bocadillos apoyados en la pared. «El otro día esto parecía un bar», contaba el guardia de seguridad. Algunos, al verse obligados a tirar sus sandwiches primorosamente envueltos en papel de aluminio, acababan engulléndolos como si estuvieran en un concurso.



