Isaac Albéniz en el recuerdo
Domingo, 17-05-09
POBRE Isaac Albéniz, si levantara la cabeza. El músico de Camprodón vería que el centenario de su fallecimiento se conmemora (que no celebra, como dicen muchos) en medio de una estela de parches que se suceden para cubrir el expediente. La efeméride, que se recuerda mañana, debería haberse planificado consensuando iniciativas y convirtiendo este aniversario en un auténtico Año Albéniz.
Hace unos meses la fundación madrileña que lleva el nombre del compositor presentó una serie de pequeños actos que recordaban la figura del autor de la famosa suite «Iberia», pieza fundamental del repertorio pianístico asumida por los más grandes del teclado. L´Auditori de Barcelona, el Museu de la Música de Barcelona, el Ayuntamiento de Camprodón o el Festival de Peralada han programado algún recital, alguna exposición. Pero no ha habido ninguna gran iniciativa en su honor, no se ha planificado el reestreno de sus óperas, algunas de ellas de probada fuerza teatral y musical, como «Pepita Jiménez» o «Merlin»; el Liceu propone para hoy un único recital en el Foyer y el Real se decantó por un Ciclo Albéniz organizado en colaboración con la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC); el próximo viernes se ofrecerá un concierto en el Cadogan Hall de Londres con música del compositor español a cargo de la Royal Philarmonic Orchestra con los catalanes Carlos Checa en la dirección y José Menor al piano. Este insigne músico se merecía algo más.
En enero fue el XXV Festival de Música de Canarias el evento que propuso la iniciativa más importante: el estreno de la versión original de «Henry Clifford», ópera de Albéniz recuperada por el director José de Eusebio y que se ofreció en versión de concierto.
Sólo una mínima parte de la obra de Albéniz es conocida, y sus óperas son las grandes olvidadas. A la falta de ediciones comerciales de la época, se unió su temprano fallecimiento (a los 49 años) y el poco interés de los herederos del músico por su legado, ya que su obra se desperdigó. De Eusebio encontró las partituras de «Henry Clifford» en unas cajas con documentos sin catalogar de la Biblioteca de Cataluña; se trataba del material de orquesta de la versión italiana, la que en su día se estrenó en el Liceu,y en el Museo de la Música partituras con anotaciones del propio autor. Es de esperar que su obra, después de este breve revuelo, no vuelva a caer en el olvido.
Pablo
Meléndez-
Haddad
LA VIDA EN SOLFA

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