
Sábado, 16-05-09
Nick Clegg junto al retrato de William Gladstone, primer ministro liberal del siglo XIX, en la Asociación de la Prensa Extranjera de Londres
TEXTO: EMILI J. BLASCO
FOTO: DAVID J. SALAS
LONDRES. El fin del Nuevo Laborismo y la ruptura del «establishment» político que puede suponer la crisis por los gastos de los diputados británicos podrían conducir, según espera el líder de los liberal-demócratas, Nick Clegg, al restablecimiento del Partido Liberal como una de las dos fuerzas mayoritarias en el Reino Unido.
Junto al retrato de William Gladstone que hay en la casa de quien fue el gran primer ministro liberal del siglo XIX (hoy sede de la Asociación de la Prensa Extranjera), Clegg apunta a ese «sorpasso».
Casado con la española Míriam González Durántez, hija del fallecido senador del PP José Antonio González Caviedes, Clegg habla un perfecto español.
-¿Cómo va a salir el Reino Unido de la actual crisis política?
-El sistema que aplicamos está equivocado y la situación tenía que explotar. Es tiempo de que todos los políticos pidamos perdón, porque lo hemos hecho espectacularmente mal. Debemos partir del simple principio de que un diputado no puede comprar y vender propiedades con ayuda de dinero público, renovando distintas casas y sacando provecho personal. Hay que empezar a hacer limpieza.
-¿Se manifestará el enfado ciudadano en las elecciones europeas?
-Se ha roto la confianza de la gente y es posible que los votantes no hagan distinciones entre unos partidos y otros. Creo que los liberal-demócratas tenemos un buen historial respecto a procurar un cambio del sistema. Pero no me engaño, la gente piensa que toda la clase política está en una bancarrota moral.
-El descenso laborista en las encuestas apenas parece ser aprovechado por su partido.
-Las encuestas vienen y van, y una reciente nos daba un ascenso de cuatro puntos. En las elecciones locales del pasado año dejamos a los laboristas en tercer puesto. Somos ahora «la» oposición a los laboristas en sus feudos, particularmente en las grandes ciudades. En las últimas generales tuvimos seis millones de votos, más que cualquier otro partido liberal en Europa.
-¿Asistimos al final del Nuevo Laborismo?
-Sí, sin duda, es el final del Nuevo Laborismo. Son doce años de Gobierno laborista, y después de tanto tiempo en el poder tenemos es una crisis económica y una crisis política que afecta al propio sistema democrático. La gente quiere un cambio. Los conservadores no pueden ofrecer ese cambio porque son parte del mismo sistema. Es necesario algo totalmente diferente del pasado.
-¿Ese final va a suponer un giro laborista a la izquierda?
-Como ocurre con todos los partidos políticos en los países democráticos europeos, cuando una formación ha estado mucho tiempo en el poder y luego lo pierde, se produce una crisis de identidad. Y eso es lo que está pasando ahora en el Partido Laborista.
-¿Se van a pasar dirigentes del «blairismo» a los Liberal-Demócratas?
-Sí, por supuesto que habrá dirigentes que se pasarán. Cada partido en el Reino Unido es una coalición de filosofías diferentes, de teorías políticas distintas. Vamos a ver un debate entre esas tendencias o grupos en el Partido Laborista. La decisión de sumarse a los liberal-demócratas dependerá de ellos.

