«¿Por qué están en crisis las izquierdas europeas?», se ha preguntado el semanario «Newsweek». Henri Weber, eurodiputado socialista francés, responde: «Se suceden los fracasos electorales, caen los efectivos militantes, se deshilachan las relaciones con los sindicatos. Más allá de los problemas nacionales de cada partido, aislado, la crisis global de la socialdemocracia, en Europa, se debe a su incapacidad de ofrecer una respuesta común, europea, ante la mundialización».
Weber sabe de lo que habla. En el seno del PS francés hay sensibilidades antagónicas ante Europa, y las disputas en la cúspide paralizan un partido que se cotiza como perdedor, sin ideas.
El socialismo francés vive varias crisis superpuestas. Crisis de liderazgo: Martine Aubry, líder, debe «pilotar» un partido donde están muy presentes las familias antieuropeas. Crisis de ideas: en el socialismo francés cohabitan las familias partidarias del integrismo tradicional y las familias liberal-socialistas. Crisis de estrategia: el PS no tiene aliados a la izquierda ni a la derecha.
Un politólogo británico, Liêm Hoang-Ngoc, estima que, a su modo de ver, «la social democracia europea vive una crisis de identidad mayor, que la crisis financiera mundial ha hecho mucho más evidente». Las tribulaciones del Laborismo inglés parecen confirmar tal tesis de fondo. El Nuevo Laborismo de los años Blair ha caído en la crisis de identidad que Gordon Brown no parece en situación de poder resolver.
Ni el Este ni España tienen proyección real como para influir y sacar al socialismo europeo de su eclipse
Brown fue el más brillante ministro de Finanzas de Europa, con Blair de jefe. Volatilizado el Nuevo Laborismo, Brown parece víctima de las «cacerolas» más diversas.
En Alemania, «Die Zeit» ha insistido en muchas ocasiones en los problemas de identidad de un SPD víctima, al mismo tiempo, de las críticas de izquierda (Die Linke) y a su colaboración gubernamental con Angela Merkel, precipitando a la socialdemocracia alemana en una crisis de esquizofrenia inconfesable: se ve forzado a practicar políticas liberales o conservadoras, haciendo campaña «a la izquierda».
En Italia, el hundimiento histórico de las familias socialistas, víctimas de los años de la corrupción, dejó un vacío insondable. Las sucesivas uniones, coaliciones, alianzas y proyectos de izquierdas más o menos unidas siempre han terminado por topar contra el muro granítico de la popularidad de Berlusconi.
Hay otras izquierdas europeas (italiana, española, en los antiguos países comunistas). Pero ninguna tiene el peso político o ideológico imprescindible para influir culturalmente en el eclipse aparente de los socialismos o socialdemocracias europeas. En los países del Este no existen líderes ni ideas con proyección continental. Por su parte, Rodríguez Zapatero no parece tener la estatura que en otro tiempo tuvo Felipe González. Se desconocen las ideas propias del primer ministro español en materia de socialismo europeo.