ÀLEX GUBERN
BARCELONA. Resignados a la violencia, satisfechos tras una noche de vandalismo, convencidos de que el dispositivo policial es el óptimo. El Ayuntamiento de Barcelona valoró ayer de manera satisfactoria -«globalmente positiva», dijo el alcalde Jordi Hereu- la celebración por la consecución de la Copa del Rey, que se saldó con 50 detenidos, un centenar de heridos y numerosos daños contra el mobiliario urbano y los comercios de la zona de Canaletes y plaza Cataluña.
La estrategia de desplazar el grueso de la concentración de Canaletes a la parte superior de la plaza mediante una fiesta para seguir el partido y celebrar el triunfo es la acertada se insiste desde el Ayuntamiento. Con espacios más abiertos y menos comercios que vandalizar, explican fuentes municipales, la intervención policial es más efectiva. Las 50 detenciones se señalan al respecto como un índice positivo del operativo.
Funesto prólogo
En todo caso, los incidentes son sólo la continuación de los que ya se registraron tras la eliminación del Chelsea y el 2-6 ante el Madrid, y son un funesto prólogo de lo que puede suceder cuando se consiga la Liga o, en mucha mayor medida, se gane la final de la Champions el día 27. Se extiende en el Consistorio y también en la conselleria de Interior cierto fatalismo, una sensación de que los incidentes son inevitables. Es en este contexto que se valora positivamente lo que durante horas fue una batalla campal en el corazón de Barcelona. Se estima que unas 40.000 personas se concentraron en plaza Cataluña y el área de Canaletes. Los incidentes comenzaron sobre las dos de la madrugada, cuando un grupo de unas 300 personas empezó a arremeter con todo lo que se puso por delante: reventando quioscos, arrancando semáforos, tumbando motos, lanzando macetas o destrozando paradas del Bicing.
La intervención de los Mossos d´Esquadra se precipitó cuando los violentos arremetieron contra la línea policial ubicada en la calle Pelayo, que custodiaba todo el dispositivo desplegado en esta calle, cerrada al público. Durante al menos una hora, los agentes se emplearon a fondo, lanzando pelotas de goma y dispersando a los vándalos, que continuaron alborotando por calles adyacentes como Pau Claris o Paseo de Gràcia. Los comerciantes denunciaron daños en restaurantes, hoteles, librerías y bancos.
Entre los 50 detenidos hay cinco menores; 33 mossos resultaron lesionados leves, un agente de la Guardia Urbana sufrió contusiones y 79 aficionados sufrieron heridas de poca consideración, 13 de los cuales necesitaron ser trasladados a un centro médico.
Pese a estas circunstancias, el Ayuntamiento por boca de su alcalde aseguró que el dispositivo previsto para las próximas celebraciones va a ser el mismo. Para Hereu, la actuación policial fue «eficaz», y desde el Ayuntamiento se recuerda que el balance es más alentador si se compara con lo sucedido en 2006. Ese año, tras conseguir el Barcelona ganar la Liga de Campeones en París, una masa de 125.000 personas tomó el centro de la ciudad. Los disturbios fueron generalizados, y los vándalos llegaron a arrancar una cabina de la ONCE para usarla como barricada, Diversos comercios fueron saqueados.
A raíz de esos incidentes, el Ayuntamiento creó una comisión para analizar el fenómeno del vandalismo que a la postre se ha demostrado inoperante. En ese contexto, por ejemplo, se contempló la posibilidad de establecer algún tipo de vallado en los accesos a Canaletes para limitar su aforo, una propuesta que no se ha llegado nunca a aplicar. También se barajó la idea de, en colaboración con el Barça, descentralizar las celebraciones, algo que tampoco se ha intentado llevar a cabo. Por contra, se ha optado ahora por promover incluso una fiesta en plaza Cataluña.
M. R. CASTILLO
GIRONA. Los festejos por la Copa se tiñeron de luto en Girona. Un hombre de 35 años murió durante la madrugada de ayer cuando se precipitó por un puente de la plaza Cataluña, en pleno centro de la ciudad y lugar de cita habitual para las celebraciones del Barça. La víctima, Agustín P. G., tenía 35 años de edad y era vecino de Girona.
Desde la medianoche la plaza Cataluña estaba llena de aficionados culés con ganas de celebrar el primer título de la temporada. Cánticos, banderas, gritos y alguna bengala animaban la fiesta pero la fuerte presencia policial evitó que el alboroto pasara a mayores. A las dos y media de la madrugada, cuando muchos de los aficionados habían desfilado ya para casa, saltaron las alarmas. Una persona había caído al río y estaba herida grave. Una patrulla de la policia municipal fue la primera en advertir el accidente. De hecho, un guardia urbano y un «mosso» practicaron las primeras maniobras de reanimación. Trasladado al Hospital Josep Trueta, el hombre fallecía a las pocas horas.
Según declaraciones de testimonios de los hechos, Agustín P. G. estaba sentado en la barandilla que, precisamente, evita posibles caídas de los peatones al río. Supuestamente se estaba balanceando y, de repente, cayó al vacío des de una altura de unos siete metros. La caída le produjo un fuerte traumatismo craneal y torácico que acabaría siendo letal.