Publicado Jueves, 14-05-09 a las 06:48
Serrat ha vuelto a los escenarios cambiando totalmente de tercio respecto a su última gira, aquella que se vino a llamar «Dos pájaros de un tiro», que le llevó junto a Joaquín Sabina por todos los estadios y plazas de toros de España. Esta vez el catalán ha optado por el intimismo, retomando el tour «100 x 100 Serrat» —iniciado en 2005— que cada noche, desde ayer y hasta el próximo domingo, acoge el Teatro Circo Price.
La presentada ayer en el Price es una serie de conciertos en los que, además de escuchar al catalán, puede llegar a conocérsele de cerca. Pero no se dejen engañar por la palabra «intimismo», comúnmente asociada en esto de la música a conciertos plasta.
Se presentó el cantautor junto a su queridísimo —y excelentísimo— pianista Ricard Miralles y, además de esculpir con primorosa precisión las mejores figuras de su repertorio, hizo que el respetable se partiera de risa, literalmente.
El juego de luces y sombras fue perfecto. En un sobrio entorno escénico creado en 1984 por Fabià Puigserver, con proyecciones siguiendo el hilo argumental de cada pieza degustada por el público, Serrat fue capaz de manejar las emociones de la velada a su antojo, llevándolas con suavidad profesional de la melancolía a la carcajada.
En vaqueros y camisa, con una dentadura reluciente, salió a las tablas entre gritos de «Benvingut!» y, tomando la guitarra, cedió el paso a Miralles para que comenzase a acariciar las notas de «Cantares». «Es un placer reencontrarme con mis amigos de Madrid», dijo antes de hacer llorar a muchos con «De vez en cuando, la vida».
Pero el humorista que el autor de «Mediterráneo» lleva dentro brotó como un géiser como si se encontrase entre amigos, y al hilo de varios proverbios chinos, fue narrando diferentes monólogos que hicieron de la noche un toma y daca entre carcajadas y música.
Fantasmas y fútbol
Los rostros de Clark Gable, Marylin Monroe y otras glorias del cine desfilaron por la pantalla mientras el dúo maravillaba con «Los fantasmas del Roxy», en la que el cantante se tornó, como los protagonistas de su canción, un actor de primera. En estos recintos pequeños, donde cuenta toda mirada, parece poseído por el sentido de la teatralidad, interpretando cada suspiro.
Entonces llegó el momento en el que un madridista debería haberse callado. «Bueno, me estoy enrollando mucho hoy, pero tenéis tiempo ¿verdad? ¿O alguien quiere irse a ver el fútbol?». «¡Somos del Madrid!», contestó alguien. La réplica del catalán, que desató una enorme carcajada general, debió hacerle desear que le tragase la tierra: «Bueno hombre, a pesar de eso, puede que le guste el fútbol...».
Exceptuando el patinazo al dedicar el «Romance de Curro el Palmo» a su «compañero Alejandro Vega», la noche fue perfecta. Si a un espléndido repertorio con «Penélope» y «Mediterráneo» le añadimos teatro y distensión absoluta con el público, tenemos «100 X 100 Serrat», un espectáculo impecablemente ideado, planteado y ejecutado. Una gran ocasión para conocer al Serrat cantante, actor, humorista y amigo. Al Serrat total.

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