Ramoncín, de boicoteador de Operación Triunfo a formar parte de su jurado
Ramoncín / Foto tomada de ramoncin.com
Actualizado Lunes, 11-05-09 a las 14:57
Todos nos sorprendimos al descubrir en la Gala 0 de «Operación Triunfo» que «El Rey del Pollo Frito» formaba parte del jurado de la séptima edición del famoso concurso. ¿Por qué ha cambiado su visión de este formato después de seis ediciones? ¿Dinero? ¿La fama que están alcanzando algunos de los «triunfitos» le ha hecho reaccionar?

En 2002, Ramoncín apoyó una plataforma que se posicionaba totalmente en contra de «OT». Bajo el título «Otro timo no», la asociación de Periodistas Especializados en Música, Ocio y Cultura (PEMOC) y más de un centenar de artistas y profesionales, acusaba al concurso de ser la causa de los males que padecía el negocio discográfico por aquel entonces.

El tiempo parece que ha hecho olvidar tanto a Getmusic como a José Ramón Julio Martínez Márquez lo sucedido. Pero en las hemerotecas quedará el manifiesto y todo lo que en él se enumeraba.

Ahora, Ramoncín forma parte de esa «rentabilidad inmediata» que ofrece «Operación Triunfo» tanto para Telecinco -cadena televisiva que emite el formato- como para su presentador -Jesús Vázquez cobra tanto por dirigir el concurso como por promocionar múltiples productos-, su jurado -los miembros del jurado reciben una contraprestación económica- y sus concursantes -los participantes ganan no sólo a nivel personal, sino también de forma económica-.

Risto vs RamoncínEn principio se podría pensar que la cadena privada ha utilizado al «Rey del Pollo Frito» para enfrentarle con el polémico Risto. Es de sobra conocido que el director creativo suelta por su boca todas las «perlas» que se le pasan por la cabeza; por su parte, Ramoncín no se queda mucho más atrás en la carrera, no es de los que tengan «pelos en la lengua». ¿Iniciarán estos dos miembros del jurado una guerra para ganarse el título «al más polémico»? ¿Destronará Ramoncín a Risto? Uno y otro pondrán sus cartas sobre la mesa, ¿el vencedor? Todos los miércoles a partir de las 22:00 horas en Telecinco.

Manifiesto «Otro timo no»
Corren malos tiempos para la música. Cuando todos los ojos están puestos en el fenómeno de la piratería, parece que pocos han advertido la presencia de los tiburones. Como cualquier otra manifestación artística popular, la música se sostiene sobre dos columnas: el arte en sí mismo y el negocio. Ambas se necesitan. Sin el negocio, la música no llegaría hasta la gente, no habría industria del disco ni salas de conciertos ni nada. Sin música, sin músicos, sin compositores, sin intérpretes, sin talento, sin arte al fin y al cabo, el negocio no tendría nada que vender. Hoy, sin embargo, se está logrando la cuadratura del círculo. Vamos de cabeza hacia un panorama en el que el negocio lo ocupa todo y la música ha sido hábilmente substituida por un sucedáneo que da el pego.
Hace ya mucho tiempo que escuchamos la palabra "producto" en boca de los ejecutivos de la industria pesada de la música. Tienen razón: la mayoría de lo que se publica es sólo eso, "producto". Ahora, a las abrumadoras campañas de marketing para lanzar artistas prefabricados, o al agobio delas cien mil canciones del verano, se ha venido a sumar un nuevo montaje sonoro de difícil digestión: Operación Triunfo.
En su segundo año triunfal, este tinglado músico-televisivo amenaza con dar al traste con lo poco que quedaba del funcionamiento mínimamente sensato de la música en nuestro país. Lo que hay es lo que se ve: Operación Triunfo no es más que un negocio puro y duro, un programa de televisión en el que se ventilan cientos de millones de la moneda que sea.
Hasta ahí, todo normal. Lo perverso comienza cuando el programa trasciende de sus límites televisivos para entrar a saco en la industria del disco, cuando se monopoliza la presencia de la música en televisión, cuando se acapara el mercado de las galas... Si la televisión pública se hubiera comprometido en una operación similar que afectara a cualquier otro tipo de industria, substituyéndola con un sub-producto propio publicitado en términos de desleal competencia, y con la inevitable consecuencia de crisis en el sector y despidos generalizados -como ya está pasando- no habrían faltado las quejas de sindicatos y asociaciones de todo tipo. La música, sin embargo, calla.
Y más allá de las consecuencias económicas de esta operación de crematístico triunfo, está el daño enorme que se está haciendo a la música como arte. Por tanto, desde PEMOC DENUNCIAMOS:
PRIMERO: El desembarco del medio televisivo como herramienta omnipotente en la creación, promoción, distribución, comercialización y venta de la música. Esta maniobra orwelianamente dirigista va encaminada a cambiar radicalmente las estructuras de la industria en beneficio del negocio privado de unos pocos, aún a costa de destrozar definitivamente el necesario equilibrio entre arte y negocio en el ámbito de la música.
SEGUNDO: La utilización de los enormes medios de la televisión pública, aquella que pagamos entre todos con nuestros impuestos, para la promoción sin precedentes de un negocio estrictamente privado. También denunciamos la monopolización del "prime time" para la comercialización de estos productos teledirigidos, quedando fuera de las horas "buenas" de pantalla cualquier otra música.
TERCERO: La mutación del fenómeno musical a través de Operación Triunfo (sin olvidar sus clones: Popstars, etc), haciendo pasar como música de calidad lo que no son más que ejercicios de amateurs. Nuestras simpatías siempre estarán junto a los que comienzan en el azaroso mundo de la música, incluidos los concursante de Operación Triunfo y similares, pero nunca con los que orquestan negocios ventajistas con el telón de fondo de sus carreras.
CUARTO: El falseamiento de la mecánica real de una carrera artística, la censura deliberada de géneros musicales, el adoctrinamiento cultural y estético, y la valoración de un determinado tipo de "triunfo" como concepto indiscutible y unidireccional.
QUINTO: Exigimos la consideración de la música como un bien cultural y no como un mero objeto de rentabilidad inmediata. De no reconducirse este sistema de explotación primaria del negocio de la música, dentro de poco el imperativo comercial habrá acabado con la veta de los artistas reales, y ya no habrá ni música ni negocio.
SEXTO: Lamentamos que personas antaño involucradas en la creación de una cultura popular se presten al más burdo tocomocho. Nos entristece comprobar que discográficas y artistas en ejercicio se apunten a dar credibilidad a una propuesta degradante por, respectivamente, vender lo que saben basura o arañar unos minutos en "prime time"; su complicidad es un baldón del que terminarán arrepintiéndose. Las consecuencias inmediatas de estas maniobras comerciales apoyadas por la enorme fuerza de la televisión son de temer: desaparición de las músicas minoritarias, hundimiento de las pequeñas compañías discográficas, empobrecimiento de los catálogos de las "mayors", reducción de la oferta musical para el consumidor, etc.
SÉPTIMO: Hacemos un llamamiento a los medios de comunicación -prensa, radio, Internet y televisión- para que se recupere el sentido crítico ante éste tipo de fenómenos. La manida falacia de que "es lo que el público demanda" puede acabar llevándonos por derroteros nada deseables. Es necesario fomentar el criterio para no sucumbir obligatoriamente ante el imperativo comercial.
Porque decir cuidado no es suficiente, PEMOC pasa a la acción. Invitamos a los fans de Operación Triunfo a explorar otras opciones musicales, y les hacemos una oferta cargada de futuro: "TE CAMBIAMOS TU DISCO DE OPERACIÓN TRIUNFO POR UNO DE VERDAD"
Esperamos que entre los discos que ponemos a disposición del público, cada cual encuentre alguno que le interese. En cualquier caso, todos son discos hechos por artistas originales, músicas cuyo valor va más allá de las maniobras comerciales, del morbo del cotilleo o del efecto hipnótico de la pantalla del televisor.

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