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Actualizado Domingo, 10-05-09 a las 21:24
Mil cuatrocientos años de enemistad parecían quedar atrás ayer cuando por primera vez un Papa tomó la palabra en una mezquita y lo hizo para proponer no sólo el respeto mutuo entre musulmanes y cristianos sino también «el cultivo del gran potencial de la razón humana». Benedicto XVI volvió al tema de su discurso de Regensburg en 2006, pero apoyándolo esta vez en los aspectos positivos del Islam en lugar de los negativos.
El resultado fue excepcional y abre caminos de colaboración para desactivar la violencia de matriz religiosa que el Papa desenmascaró como «una manipulación ideológica de la religión, con frecuencia por motivos políticos». Aun reconociendo tantos casos tristes, Benedicto XVI rechazó que la religión sea «inevitablemente un motivo de división» y propuso que «los musulmanes y cristianos, precisamente por el peso de nuestra historia común, tan frecuentemente marcada por el mal entendimiento, tenemos que esforzarnos por vivir según las normas del Dios Todopoderoso, misericordioso y compasivo».
En un elogio sin precedentes, Benedicto XVI afirmó que «los lugares de culto como esta espléndida mezquita que lleva el nombre del recordado Rey Hussein brillan como joyas a lo largo de la superficie de la tierra». El Papa estaba preparado para quitarse los zapatos como hizo en la mezquita de Estambul, pero no fue necesario pues sus anfitriones le prepararon una alfombra especial en su recorrido por la sala de oración.
Homenaje de los islámicos
El Santo Padre aplaudió «el gran mérito de las numerosas iniciativas de diálogo interreligioso que apoya la Familia Real de Jordania», especialmente el «Mensaje de Amman» del Rey Abdalláh II en 2004 y el mensaje «Una Palabra Común» promovido por su primo carnal y consejero religioso, el príncipe Ghazi Bin Muhammad Bin Talal, «cuyos temas coinciden con mi primera encíclica sobre la unión inseparable entre el amor a Dios y el amor al prójimo, así como la contradicción intrínseca de recurrir a la violencia o la exclusión en nombre de Dios».
Volviendo a uno de sus temas favoritos, objeto de la encíclica «Fe y razón» de Juan Pablo II, el Papa planteó a los líderes musulmanes, el cuerpo diplomático y los rectores de las universidades jordanas un reto a cristianos y musulmanes: «Cultivar para el bien, en el contexto de la fe y de la verdad, el enorme potencial de la razón humana». Se puede hacer sin miedo, pues «la verdadera experiencia religiosa no estrecha la mente sino que amplia el horizonte del entendimiento humano, protegiendo a la sociedad civil de los excesos egomaníacos de quienes intentan absolutizar lo finito y eclipsar lo infinito».
Los maestros islámicos seguían sus palabras con extraordinaria atención, conscientes de que escuchar al Papa en el patio de una mezquita supone rendirle homenaje.
Pero hacerlo resultaba fácil, pues el príncipe Ghazi le había recibido en la modernísima mezquita, inaugurada en el 2006, no sólo como sucesor de Pedro, maestro de teología y líder global sino, sobre todo, como «peregrino de paz que llega con humildad y bondad para rezar en los lugares donde Jesucristo el Mesías —que la paz sea con Él— rezó, fue bautizado y comenzó su misión hace dos mil años».
El príncipe agradeció al Papa «haber manifestado su pesar por el dolor que la lección magistral de septiembre del 2006 en Regensburg causó a los musulmanes», quienes a su vez aprecian «la clarificación de que las palabras sobre el Profeta no representaban la opinión de Su Santidad sino que eran una simple cita en una lección académica».
Según Ghazi, es importante clarificar las enseñanzas y la vida del Profeta, «completamente diferentes de su imagen histórica en Occidente desde San Juan Damasceno. Esas presentaciones distorsionadas por parte de quienes no conocen ni el árabe ni el Corán, o no entienden el contexto cultural de la vida del Profeta son, por desgracia, responsables de buena parte de la tensión histórica entre cristianos y musulmanes».
Conocimiento recíproco
Sin entrar en los detalles, el Papa abogó también en su discurso «por un mayor conocimiento recíproco» que lleve «a un mayor respeto por lo que tenemos en común y por lo que entendemos de modo diferente». Es decir, conocerse y de respetarse dentro de las propias diferencias.
Durante el vuelo desde Roma, el Papa había comentado a los periodistas que ya en su época de cardenal había creado una fundación tripartita que, entre otros proyectos, publicó una edición conjunta «de los libros de las tres religiones: el Corán, el Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento. El diálogo trilateral es importantísimo para la paz y también, para que cada uno viva bien la propia religión».
El Papa celebra hoy la misa en el estadio de Ammán y acudirá al lugar del Bautismo de Jesús en las orillas del Jordán, donde bendecirá las primeras piedras de dos nuevas iglesias, una de rito latino y otra de rito melquita.
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