
Domingo, 10-05-09
POR ANTONIO VARO
CÓRDOBA. Hace poco más de un siglo, la bendición de la imagen de María Auxiliadora rompió los pronósticos pesimistas del mal tiempo. Incluso cuentan las crónicas que un peral del huerto de los salesianos floreció de forma inesperada.
Ayer, nadie se planteó la posibilidad de suspender la procesión: «Ni nos lo hemos planteado», afirmó rotundo Rafael Rubio, presidente de la Asociación de Padres del Colegio.
Las campanas de San Lorenzo reestrenaron su locura de alegría restaurada cuando pasaba bajo la torre de Hernán Ruiz la «Señora de la casa salesiana» (son palabras de Carlos Herencia, capataz). Y la Familia Salesiana formaba con alegría una procesión que sabía irrepetible y única: tras la cabeza del cortejo y la representación del grupo joven de la hermandad de la Misericordia, que se quiso sumar al acontecimiento, estaba la totalidad de las ramas del árbol de Don Bosco en Córdoba: hermandad del Prendimiento, Asociación de Padres, Antiguos Alumnos, Salesianos Cooperadores y Asociación de María Auxiliadora.
Orquídeas
En la presidencia, junto al coordinador de los actos de la coronación, Miguel Aragón, estaba el vicario inspectorial y delegado de la Familia Salesiana, Abel Medina, junto a los salesianos de la comunidad de Córdoba.
En el paso, las dos imágenes iban, como manda la tradición, sin corona alguna, aunque la Madre llevaba en sus sienes un escueto adorno de flores. A sus pies, «rendidos a sus plantas» como canta el himno, varios centenares de orquídeas colocadas con exquisitez plasmaban el homenaje a la Reina de la casa salesiana. Delante, el capataz Francisco Castellón, que compartió su tarea con los responsables de los pasos del Prendimiento. Debajo, tres cuadrillas de costaleros -dos masculinas y una femenina-, formadas en su mayoría por alumnos o antiguos alumnos del colegio.
Y detrás, la banda María Santísima de la Esperanza, que apenas paraba de «soplar» en homenaje a la imagen que hoy será coronada «en el nombre y la autoridad de Benedicto XVI».
La misma imagen que, hace poco más de un siglo, tuvo como testigo de su bendición un peral florecido del huerto salesiano.

