El Instituto Ramon Llul hace todos los años un desembarco cultural en Nueva York. Este año ha llevado al Centro Baryshnikov un monólogo sobre esta obra

MIGUEL RAJMIL Jessica Lange, durante su actuación
¿Para qué sirve el excursionismo cultural institucional al extranjero? Las más de las veces para acabar de estropear el mundo. Pero cuando alguien consigue que Jessica Lange protagonice en Nueva York una lectura dramatizada de «La plaça del Diamant (La plaza del Diamante)», la obra cumbre de Merc_ Rodoreda, y el resultado es tan sobrecogedor, una se reconcilia con las instituciones.
No era la clase de espectáculo que se le habría ocurrido a un productor de Broadway. Aunque visto lo visto nadie descarta nada. ¿Repetir en Nueva York, ir de gira por Estados Unidos? Desde las invictas torres gemelas de sus pómulos, Jessica Lange se asoma sorprendida al entusiasmo suscitado. Instintivamente se agarra a Sam Shepard, su proveedor de costillas; no hace tanto que ella se rompió dos y las huellas del accidente aún son visibles en su cuerpo.
Aún sumándole a este accidente el de la edad -acaba de cumplir 60- sigue siendo una mujer brutalmente hermosa. Ya no te la imaginas abierta de piernas sobre la mesa de la cocina de «El cartero siempre llama dos veces» pero es que eso, a pesar del título de la película, sólo pasa una vez en la vida. Lo de ahora es inmortal. La transmutación de Lange en la Colometa, el personaje que Rodoreda cinceló con una ingenuidad de hierro, dice mucho de la profundidad de la actriz. Y de la del personaje.
El cómplice Baryshnikov
¿Por qué Lange y por qué la Colometa? El Institut Ramon Llull (IRL), el Cervantes catalán, desembarca cada temporada en Nueva York con una ofensiva cultural que incluye teatro, literatura, gastronomía, etc. Anfitrión y cómplice habitual es el bailarín Mikhail «Misha» Baryshnikov, fundador del Centro Baryshnikov de las Artes -escenario de esta lectura- y padre de la primogénita de Jessica Lange. Al final Nueva York funciona como Calahorra.
Alcanzada la diva, ya sólo faltaba el texto. La primera propuesta fue «La mort i la primavera» (La muerte y la primavera), la novela que Rodoreda dejó inacabada y cuya primera traducción al inglés acaba de presentar el IRL. Pero la Lange les devolvió educadamente el libro: no había entendido nada, aquello no la inspiraba.
¿Fin de partida? A Borja Sitjà, director de creación del IRL, se le ocurrió mandarle la condensación dramática de «La plaza del Diamante» que en 2004 interpretaron en catalán tres actrices a las órdenes del director Joan Ollé, y que hace dos años se fundió en un monólogo único, interpretado por Ana Belén.
Y esto sí. La historia de Natàlia, la joven barcelonesa que casada poco antes de la guerra civil con un hombre tan revolucionario fuera de casa como reaccionario dentro, que a las extremas penalidades de la posguerra suma su extrema desilusión y reinvención como mujer, caló en el corazón de la americana.
Lange no habla una palabra de catalán ni de español y el director Ollé no rasca el inglés, pero allí estaba la bilingüe y diligente ayudante de dirección, Bea Cabezas, y muchas ganas de entenderse. Sólo dando la mano Ollé ya comunica un mundo. Y Lange no es manca tampoco.
«Me conmovió esta poesía tan simple y a la vez tan fuerte que hay en el texto», es la explicación que da la actriz de su fulminante entrada en materia en muy pocos días de ensayos. Quizás es que para ciertos papeles una lleva toda la vida ensayando sin saberlo.


