A diferencia de lo que ocurrió con una paradisiaca isla australiana que recientemente buscaba "cuidador" y recibió miles de solicitudes (el ganador será anunciado la semana que viene), esta población de la China central llamada Linfen es incapaz de encontrar alcalde.
El puesto está vacante desde hace más de medio año, justo después del último accidente. Pero es que ha habido tantos, con cientos de mineros muertos, que nadie quiere responsabilizarse. El último se produjo el pasado septiembre. Casi 300 muertos obligaron a dimitir al jefe del consistorio, Liu Zhijie.
La ciudad ha tenido cuatro alcaldes en tres años, incluyendo el actual en funciones, Luo Qingyu, a quien nadie quiere sustituir porque el puesto tiene mucho de beso de la muerte. "Es demasiado arriesgado aceptarlo", apunta un analista local, citado por el diario Southern Metropolis Daily. "Antes de que puedan entender el trabajo, pasa algo que les obliga a dejarlo".
Para conservar el asiento, el próximo que llegue debe asegurarse de que las minas son seguras. Tarea complicada en un país donde los accidentes laborales son costantes. La solución pasa, de momento, por forzar a los líderes locales a cerrar las ilegales como Xinyao, que no cumplía las normas de seguridad. "Una o dos muertes no es nada en esta zona", dijo al periódico uno de los aldeanos preguntados.
Pero todavía quedan muchas abiertas. Su clausura se topa con el no de sus poderosos dueños, que compran a las autoridades locales. Para neutralizarlos, el gobierno local anunció en enero sus planes para cerrar las minas ilegales y detalló el castigo a los funcionarios que los protejan.
Todos los puestos de gobierno en China, incluyendo las alcaldías, son nombrados por el Partido Comunista. "No es que nadie quiera el puesto. Es que no todo el mundo está preparado para desempeñarlo", se defendió recientemente Wang Baoshan, jefe de la oficina de asuntos extranjeros de la ciudad, cuando representantes del partido en la provincia de Shanxi se reunieron en un hotel de lujo para discutir el problema.
Según la BBC, en las calles de Linfen la gente es ajena a la búsqueda de alcalde para esta urbe que llegó a ser la más contaminada del país. "Claro que nos gustaría controlar nuestros propios asuntos, pero eso nunca va a pasar", concluye un hombre que juega al ajedrez, recordando que en su ciudad, como en el resto de China, serán los líderes del partido quienes elijan a un nuevo regidor. Eso sí, cuando lo encuentren.
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