En «La nueva tiranía»(Libroslibres), como diría Chesterton, el escritor muestra esas viejas herejías que se nos venden como ideas nuevas. Sublime obra de Prada propositiva y luminosa, no destructiva
«Denuncio una nueva tiranía de los hijos de la luz y de las tinieblas»
JUAN MANUEL DE PRADA
Partes de batalla en los que conviven la diatriba y la introspección, ardor guerrero de invectiva y elegía, reflexión de índole política y pulsión artística... Soberbias crónicas escritas en aquellas noches romanas de primavera que cambiaron el curso de su vida, pues en los días que siguieron a la muerte de Juan Pablo II definitivamente Juan Manuel de Prada decidió adherirse a la «vieja libertad», antídoto contra todas las tiranías que han sido. El escritor y columnista de ABC vuelca en «La nueva tiranía» (LibrosLibres) -sus más de 13 años en ABC, XL Semanal y sus recién estrenadas tribunas de «L´Osservatore romano», «Capital» y «Padres y colegios»- todo un sentido común frente al «Mátrix progre» que nos atenaza. Una imprescindible mirada a la vida.
-Un «politicastro» desavisado del «Mátrix progre» se preguntaría: ¿Cómo habla de «nueva tiranía» cuando nunca antes los hombres disfrutaron de tantísima libertad y derechos?
-Es el rasgo que distingue a esta nueva tiranía que denuncio. En todas las épocas las tiranías siempre han tenido un rostro hosco, restrictivo y represor. Pero esta nueva tiranía le dice a sus sometidos que son infinitamente libres para conseguir lo que deseen, lo cual provoca una adulteración del concepto de derechos humanos, que ya no son una propiedad inalienable del hombre que surge de su propia naturaleza, sino que todo deseo, toda pulsión, toda apetencia, todo interés puede ser reconocido como derecho. El derecho es una concesión graciosa que el poder hace. Esa es la gran engañifa de esta nueva tiranía, que los tiranos suelen llamar «extensión de derechos».
-Y el hombre de nuestro tiempo, convertido en un chiquilín, es más rehén que nunca de la libertad «omnímoda».
-A partir de ahí surge una sociedad muy conflictiva, en donde la convivencia es imposible. Todos estamos a la greña. El ámbito de solidaridad ya no rige. Cada región o Autonomía lo que busca es la obtención de privilegios disfrazados bajo el nombre de financiación autonómica. Y así se llega a situaciones tan grotescas como que unas regiones se creen propietarias del agua de un río. Y la «demogresca»: vemos cómo las facciones políticas son incapaces de cohabitar, de tener altura de miras y por el bien común de llegar a acuerdos. Y se ve en la privacidad e incluso en el tejido celular de la sociedad. Cada vez son más los matrimonios que rompen, cada vez son más los casos de falta de respeto a las personas que deberían mirarse con amor, y vemos casos de violencia en la familia, etc...
-En ese «Mátrix progre» que usted denuncia, pergeñado por la izquierda, ¿por qué la derecha renuncia a presentar batalla?
-El «Mátrix progre» alude a la película de los Wachowski, en donde la Humanidad está esclavizada por unas máquinas que infiltran en la mente de las personas una realidad virtual. Yo hago una metáfora, y considero que vivimos en una época en la que efectivamente hay una serie de paradigmas culturales, de patrones de juicio, que se han introducido como injertos emocionales en toda la población. Y contra los y las cuales la gente tiene la percepción de que no tiene sentido rebelarse. Son el marco o límite o terreno de juego en el que tiene que de-senvolverse la vida social, política, etc... Este territorio, efectivamente, lo ha establecido la izquierda, que en un determinado momento acepta los postulados económicos de la derecha, con leves rectificaciones, pero a cambio impone un orden social y moral que la derecha acata. De tal manera que la derecha, realmente no importa si es liberal o conservadora, siempre actúa como conservadora cuando llega al poder, porque se limita a conservar el orden social impuesto por la izquierda.
-¿Y dónde queda la ideología?
-El combate contra el «Mátrix progre» no puede ser ideológico. puesto que la ideología es una batalla que la derecha ha renunciado a ofrecer, y la única posibilidad de de-senmascarar el «Mátrix progre» es intentando dar una visión alternativa del hombre y de su lugar en el mundo, una visión antropológica.
-¿Por qué el laicismo rampante acusa a la Iglesia de inmiscuirse en la política?
-Como la ideología se ha convertido en una especie de kéfir monstruoso que lo va invadiendo todo, algo tan natural en el hombre como es el amor a la naturaleza, que nace del sentimiento de sentirse parte de la creación, pues esto se ha ideologizado. De tal manera que para ser un amante de la naturaleza tienes que ser ecologista, que ya tiene unas connotaciones ideológicas. Pero, claro, curiosamente la mayor parte de las personas que apoyan estas posturas ideológicas, y son ecologistas, también se declaran partidarias del aborto. Cosa que una persona que amara la naturaleza desde un punto de vista no ideológico no concebiría, porque se sentiría parte de esa naturaleza y no la querría agredir muy especialmente en el caso del aborto.
-¿Apellidos de nuevos tiranos?
-La tiranía de la que yo hablo es de orden natural, que se plasma a través de determinadas personas que en este momento que vivimos acaparan el poder (político, mediático, social, ideológico...), pero también estoy hablando de una tiranía de orden sobrenatural, de «los hijos de la luz y de los hijos de las tinieblas», un combate que se ha dado a lo largo de toda la Historia. ¿Nombres? Es evidente que los gobernantes que hoy tenemos son personas que se ahieren entusiásticamente al «Mátrix progre», pero también es evidente que una persona como Obama lo encarna a la perfección. En líneas generales, los «reyes de la tierra», por usar la expresión apocalíptica, están claramente adscritos a esta nueva tiranía en términos generales. La ideología es un sucedáneo de la religión extraordinariamente armado, en donde no se deja resquicio para que quienes viven dentro de esa nueva falsa religión puedan atisbar otra forma de vida. Decía Castellani que «al diablo siempre se le olvida poner la tapa». Al final, aquí la tapa es la vocación de trascendencia del hombre. La nueva tiranía nos vende milongas -la ideología, el progreso, la ciencia- y cuando esas milongas fallan, de repente, vemos a los hombres como gallos descabezados, como a aquellos que en las fiestas de los pueblos les arrancaban la cabeza y salían corriendo descabezados. Estaban muertos, pero tenían una especie de desazón que les llevaba a moverse.

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