
DE SAN BERNARDO Zac Efron, firmando autógrafos a un grupo de fans enfervoizadas
Actualizado Miércoles, 29-04-09 a las 11:45
La «beatlemania», con permiso de Elvis y algunos más, trajo al mundo una nueva forma de grito femenino. Cosas a priori tan diferentes como morir torturada y ver de cerca a los reyes planetarios de la popularidad adolescente provocan, desde principios de los sesenta, similares vibraciones en las cuerdas vocales de las quinceañeras. Un chillido ensordecedor, único en su especie, que sirve de indicador de popularidad mucho mejor que cualquier lista de ventas.
El pobre —eufemismo aquí muy incorrecto— Zac Efron debe vivir en un constante zumbar de oídos, si en todos los países se le recibe como ayer se le recibió en Madrid. Pero cómo quejarse. Al bajarse del espectacular deportivo en el que llegó hasta los cines Kinépolis, donde ayer se celebró la première de su película «17 otra vez», saludó a la enfervorecida masa de seguidores con todo el afecto y cariño esperable de un tipo que se lo debe todo al fenómeno fan. Y es que estos gritos poco aptos para oídos sensibles son sinónimo de que el negocio sigue en pie, así que mejor seguir estimulándolos.
Elegante, con traje y corbata negros, la nueva gallina de los huevos de oro con que ha topado la factoría Disney emergió de su coche casi como un héroe de guerra, mirando a un lado y otro con sus azulísimos ojos, satisfecho del reconocimiento que se le brindó en la Ciudad de la Imagen, tomada por cámaras de televisión y patrullas de policía, aparte, claro está, del ejército «efroniano».
Sandra J., una de las muchas treceañeras de la hueste situada en la primera línea de petición de autógrafos, aseguraba a sus compañeras que no se quedarían sin firma. «Ya veréis, se va a parar a saludarnos seguro, nos quiere “mazo”, quiere a todas sus fans». Veterana seguidora de High School Musical «desde que salió en Estados Unidos, gracias a Internet», afirma que Efron es un actorazo de tomo y lomo. «Es guapísimo pero no tiene nada de tonto, si lo conocieras lo sabrías, y sabe actuar mejor que cualquiera de su edad».
La tropa de adolesentes vitoreó y pidió autógrafos a todo el que pisaba la alfombra roja —ya fuera Efron o Belén Esteban—, posters y fotos en mano, con un entusiasmo a prueba de bombas. «Llevamos aquí desde las cinco menos diez, cuando sólo había tres personas», decía Paloma S., rodeada por sus amigas en lo que pensaban era el mejor sitio. «Y mira lo que nos han hecho», decía compungida, señalando una cinta de seguridad que desviaba el camino, haciendo pasar al príncipe azul por otro lado.
Al final el sitio dio igual, porque Efron recorrió de principio a fin toda la fila de seguridad, repartiendo besos y autógrafos y provocando, cómo no, algún que otro desvanecimiento momentáneo. El momento «tenso» llegó cuando uno de los chicos saltó la valla de seguridad y echó a correr a toda velocidad hacia Efron, pero la cosa no fue a mayores guardaespaldas mediante.
Tras subir las escaleras, Efron se detuvo ante las cámaras de las decenas de fotógrafos y les ofreció alguna sonrisa fugaz, mientras la multitud entraba ya en tropel y formaba riadas humanas. «¿Dónde está, dónde está?», era el grito de desesperación de algunas. «¿En la 25, en la 25!», Anoche, otras cuatro salas se llenaron con fans de este chico de California que, al parecer, en lo suyo no tiene rival.

