Actualizado Miércoles, 29-04-09 a las 18:15
He aquí los logros de cuatro grandes presidentes en sus primeros 100 días.
Franklin Delano Roosevelt, el más expeditivo
Franklin Delano Roosevelt es el sueño y la inspiración de los que quieren que Obama se arremangue y lo cambie todo muy rápido. El 4 de marzo de 1933, FDR pronunció su discurso inaugural y confirmó a todos los miembros de su gabinete, incluyendo a la primera mujer que entraba en el gobierno (Frances Perkins, secretaria de Trabajo). Nada más jurar sus cargos los miembros del Congreso fueron convocados para permanecer reunidos exactamente cien días. El 9 de marzo se aprobó una de las iniciativas legislativas más trascendentes de la historia norteamericana, sobre todo examinada ahora: la Emergency Banking Act (Ley de Emergencia Bancaria), en virtud de la cual el gobierno podía cerrar bancos insolventes e intervenir a fondo para garantizar la solvencia de los demás. Otras iniciativas adoptadas por FDR en los primeros cien días de su mandato incluyen la salida unilateral (y no consultada por FDR con nadie) de Estados Unidos del patrón oro, la aprobación de la Federal Emergency Relief Act (Ley de Asistencia Federal de Emergencia) para que el gobierno federal prestara dinero a los estados en apuros económicos y la creación del primer marco regulador del sistema financiero, dando poderes de control a la SEC más allá de las fronteras del país.
John Fitzgerald Kennedy, a Dios rogando y con el mazo dando
El modelo JFK es en cambio el precedente de los que acusan a Obama de decir una cosa y hacer otra. Con un supremo encanto, eso sí. Kennedy hizo historia con su discurso inaugural, lleno de carisma y de apelaciones a la lucha por la igualdad racial y por los derechos civiles de la época. Durante sus primeros cien días escribió también una carta a su homólogo soviético, Nikita Kruschev, para tratar de poner orden diplomático en sus desacuerdos y en la guerra fría. Paralelamente Kennedy ordenó reactivar el programa espacial norteamericano ante la afrenta de que los rusos se le adelantaran en la carrera por sacar a un hombre vivo de la Tierra, el astronauta Yuri Gagarin. Asimismo, JFK dio luz verde a la CIA para urdir la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, de la que el régimen de Fidel Castro salió reforzado y Estados Unidos buscando la armonía y la cooperación de toda Iberoamérica, o eso decían. Y no sólo eso: también se dio luz verde a operaciones secretas de contrainteligencia en Vietnam. Qué tiempos. ¡Ah! Kennedy también admitió durante sus primeros cien días que era mentira lo que dijo en campaña: que la Administración Eisenhower había permitido que la URSS se le adelantara en cuanto a poderío nuclear.
Ronald Reagan, el más duro de pelar
Este sí que empezó bien: mientras estaba pronunciando su discurso de inauguración, eran liberados en Irán los diplomáticos que llevaban 444 días secuestrados. Reagan les recibió con toda la pompa oficial una semana después y anunció que este alivio internacional le permitiría concentrarse en los retos económicos domésticos, que entonces también se decía que eran los más graves desde la Gran Depresión. La receta de los reaganomics y de su aliado el thatcherismo era más desregulación, menos impuestos y en general menos gobierno. Pero a diferencia de algunos de sus sucesores, Reagan supo imprimir a esto un grado de pragmatismo que le fue muy útil para tratar por ejemplo con una URSS en fase íntima de desmantelamiento. Antes de acabar los cien días, Reagan había levantado el embargo de trigo a Rusia por su intervención en Afganistán. Veintisiete días después fue gravemente herido en un atentado perpetrado por John Hinckley, quien supuestamente buscaba impresionar a la actriz Jodie Foster, sin saber que Reagan sobreviviría con varias balas en el cuerpo, como El Padrino de Coppola.
Barack Obama: Mi labia, mi capital
Los cien primeros días de Barack Obama han sido más un laberinto de pasiones que de decisiones. A los que esperaban un radical peligroso les ha salido un calculador e incluso un ambiguo en los temas moralmente delicados (aborto, matrimonio homosexual, investigación con células madre). La crisis económica ha sido el campo de batalla de su pragmatismo, con iniciativas que siguen gozando del favor popular, aunque la élite financiera y republicana las critiquen por “demasiado radicales” mientras la izquierda neokeynesiana se queja de que ya tarda la nacionalización inmediata del país entero. El presidente ha sabido mantener su credibilidad casi intacta a lo largo de estos cien días sin arreglar casi nada, aunque por el camino se ha dejado la ilusión del consenso bipartidista. Las revelaciones sobre las “técnicas brutales de interrogatorio” para unos, “tortura” para otros, empleadas por la CIA bajo la Administración Bush marcan un ante y un después en las relaciones entre gobierno y oposición. Lo mismo de su bautismo de fuego internacional: volvió a casa con pocos acuerdos concretos bajo el brazo, pero habiendo redondeado un inmenso voto de confianza mayor incluso que el que George W. Bush tenía después del 11-S y dilapidó en la guerra de Irak. Obama es ahora lo bastante convincente como para poderse permitir mover ficha diplomática con Irán.

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