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Lunes, 27-04-09
Madrid y París quieren que la visita de Estado que hoy comienza Nicolas Sarkozy a España y la rápida cumbre bilateral que se celebrará el martes sirvan para escenificar el nivel no sólo de entendimiento sino también de estrecha cooperación que existe entre las autoridades de dos países vecinos que durante bastante tiempo se miraron con reticencias.
Sin duda, lo que mejor refleja esa idea es el hecho de que desde hace unos años, singularmente desde que Sarkozy se hizo cargo del Ministerio galo de Interior, los miembros de la banda terrorista ETA no pueden moverse cómodamente por Francia. Las últimas detenciones de la cúpula etarra así lo ponen de manifiesto.
El presidente francés ha subrayado en numerosas ocasiones su voluntad de ayudar al Gobierno español en todo lo que le pida en ese asunto y ahora, además, se pretende que la cooperación entre los dos países se extienda a otros grupos terroristas, como pueden ser los de origen islámico, y a delitos que traspasan fronteras, como el crimen organizado, el narcotráfico o el tráfico de seres humanos.
Para ello, Sarkozy y el jefe del Ejecutivo suscribirán una declaración sobre seguridad interior que será el principal acuerdo de la cumbre, junto con otro texto para establecer una cooperación permanente de Francia con la presidencia de la UE, que España abrirá en enero de 2010.
Pese a las polémicas creadas en algunos momentos por palabras poco acertadas de Sarkozy o Zapatero, lo cierto es que el presidente del Gobierno español no tiene más que motivos de agradecimiento hacia el mandatario francés. A la ayuda contra ETA hay que sumar la que le prestó para que España pudiera estar presente en la cumbre del G-20 en Washington. De todos modos, sigue habiendo puntos de discrepancia en cuestiones como el reconocimiento de Kosovo -que Francia hizo y España, no- o el apoyo a la integración de Turquía en la UE, que respalda nuestro país, mientras Sarkozy lo rechaza.
Zapatero y Sarkozy tendrán también oportunidad de pasar revista a la crisis económica que les está colocando en situación difícil en sus respectivos países.
Tanto las autoridades francesas como las españoles muestran por otra parte cierto temor a que la visita se vea eclipsada, al menos en parte, por el gran interés de los medios de comunicación en seguir atentamente los pasos de la primera dama gala, Carla Bruni, en España, especialmente en los momentos en que coincidirá con la Princesa de Asturias o con la esposa de Zapatero, Sonsoles Espinosa.
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