Valoración:
Todos los dilemas del presidente
Domingo, 26-04-09
Muchas veces los políticos dicen digo donde dijeron Diego. Pero pocos consiguen sintetizar dos ideas contrapuestas a la vez como Barack Obama, que en los primeros cien días de su presidencia ha conseguido mantener un gran suspense sobre un montón de cuestiones delicadas. Empezando por el aborto.
Técnicamente Obama está a favor de la libre interrupción legal del embarazo, un axioma del feminismo y la izquierda. Es algo a lo que ningún candidato demócrata podría renunciar. Y sin embargo no pocos demócratas se han quedado con las ganas de ser presidentes hasta de su comunidad de vecinos por cosas así.Si creían que Hillary Clinton polarizaba el voto, qué decir del aborto. Quien lo defiende cree que está en juego la dignidad última de la mujer. Quien lo ataca siente que es cuestión literal de vida o muerte. No hay reconciliación posible, sólo echar cuentas de quiénes suman más y quiénes menos.
«CatholicVote.org»
Entonces Obama decidió ser más ambiguo que otros. Abrazó la causa del aborto legal -anunciando incluso reversiones de las restricciones impuestas por George W. Bush- pero la abrazó poniendo cara de sufrimiento. Adoptó la actitud del cristiano que permite algo contra sus más íntimas creencias para poder ser el presidente de todos.
Pero la equidistancia no siempre es fácil. La última ofensiva de marketing viral de la organización católica «CatholicVote.org» es un vídeo que muestra imágenes de un feto del que se nos cuenta que su padre le va a abandonar, su madre tendrá que sacarle adelante sola, etc. Pero la mujer no aborta y su niño llega a ser...¡el primer presidente afroamericano de los Estados Unidos!, quien aparece en pantalla aclamado por la multitud. «Vida. Imagínate el potencial», concluye la campaña. La CNN y la NBC rechazaron emitir este anuncio, que circula por la red sin que la Casa Blanca diga esta boca es mía.
Mientras tanto el cardenal católico de Chicago, Francis George, ha lanzado su propia campaña, no viral sino a voces, llamando a bombardear la Universidad de Notre Dame de protestas por haber invitado a Obama a hablar el mes que viene. Hasta una docena de obispos se oponen a la «gran vergüenza» de que una universidad católica invite a un presidente que apoya el aborto y la polémica investigación con células madre.
Aunque Obama ha levantado sólo parcialmente las restricciones de Bush a este tipo de investigación: con las nuevas directrices se podrá gastar dinero público en investigar con embriones congelados donados a la ciencia -por ejemplo, por parejas que desechan los «excedentes» de un tratamiento de fertilidad-, pero no se podrán concebir embriones ad hoc para este uso.
Cautela en medio ambiente
¿Y el medio ambiente? Obama también ha movido ficha pero con cautela. Y es que la crisis económica ha enfriado un poco los ánimos verdes en todo el país. Entonces, quizás no es el momento de lanzar un desafío demasiado contundente a los republicanos que alegan que todo lo que minimiza el calentamiento global minimiza también el crecimiento económico.
Ante lo cual el presidente ha optado por condicionar el debate en el Congreso por persona interpuesta, en este caso los responsables de la agencia medioambiental, que acaban de declarar una amenaza para la salud pública las emisiones de dióxido de carbono y de cinco gases más con efecto invernadero. Con lo cual ahora hay que implementar leyes para hacer frente a la amenaza. Pero no parece, o no sólo, cosa de Obama.
Otra cuestión en que el presidente se mantiene tibio es el matrimonio homosexual. En pleno auge del debate, cuando ya hay cuatro estados que han dado luz verde a estas uniones mientras sus detractores consiguieron boicotearlas en California, Obama no sólo no mueve un dedo a favor sino que personalmente dice que está en contra, alegando cuestiones de fe religiosa. «A lo mejor me equivoco», matiza. Pero ahí queda el jarro de agua fría para los gay que le votaron.
En resumen, los cien primeros días de Obama son bastante más un paseo por la ambigüedad que por la radicalidad. Claro que nada es gratis. Para muestra, un botón de cómo la gente se hace un lío. Un 12% de norteamericanos pensaban que Obama era musulmán durante la campaña, cuando algunos se dedicaron a difundir esa idea. Un 11% lo siguen creyendo ahora. Así se desprende de un sondeo del Pew Research Center. Un 35% de los encuestados desconocen la religión de su presidente y un 6% se negaron a contestar.
Dar una de cal y otra de arena es lo que tiene.
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...