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Viernes, 24-04-09
E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
No hay que ser un devorador de películas ni un «Funes» de la memoria para que se apelotonen imágenes de cine sobre la mirada mágica de la infancia, sobre el despertar a la vida de un niño, sobre aquel verano en el que los sueños se pudieron casi tocar... En fin, que hacer una película en cuya sinopsis aparezcan las palabras «niño», «verano», «sueños», «despertar», «magia»... sonará tan a nuevo como el tubo de escape de una Derbi «culín».
No nos escondamos tras las ramas: eso es «Un cuento de verano», una de esas películas aludidas y conocidas, aunque está en posesión de dos o tres circunstancias que no son habituales y que la sacan, por lo tanto, de lo común: la primera es que es polaca, y para comprobarlo no hay más que leer el nombre de su director, Andrzej Jakimowski; la segunda sería tal vez algo prosaica: la mirada del niño protagonista de seis años queda a la altura de las interminables piernas de su hermana, Elka, que interpreta una actriz de la que no es fácil ni olvidarse ni recordarla: Ewelina Walendziak, y la tercera circunstancia ya sería más de índole poético: la historia, los personajes y el lugar tienen el aroma dulzón y carnoso de los de Jiri Menzel (aunque por el título suene a Rohmer).
El niño, Stefek (buena actuación de Damian Ul, también niño, como su personaje) vive en uno de esos pueblo que rezuman costumbrismo, y sus aventuras son todas de índole nostálgico: vías de tren, soldaditos de plomo, vecindario pintoresco, personajes misteriosos..., y su hermana, que ya debió de despertar a la vida unos cuantos veranos antes y en otra película. Aunque consigue el joven cineasta Jakimovski algo de mérito cinematográfico: que la mirada del niño nos contagie de una sensación y de una intriga: ¿será ese hombre al que vigila su auténtico padre?
De acuerdo. Es cierto. El exceso de creatividad e imaginación en la búsqueda del propio padre tampoco es muy original en la historia del cine. Pero el catálogo de estratagemas que usa el chiquillo, muchas de ellas echándole un pulso a la suerte, le proporcionan a este ramal de la trama (probablemente el principal) de un encanto notable. Entre unas cualidades y otras, y con el tono de suave comedia humana, «Un cuento de verano» resulta vista, sí, pero tan apetecible como un día de fiesta cualquier jueves.
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