Viernes, 24-04-09
JOSÉ EDUARDO ARENAS
MÁLAGA. La aventajada Mar Coll acaba de dejar a sus 28 años a los que acuden al Festival de Málaga con la boca abierta con su película «Tres días con la familia», en la que la protagonista rechaza de la hipocresía que se adhiere a la piel como un traje hecho a medida en ciertos ambientes de la burguesía, en este caso catalana, a la que acusa de mantener unas ideas ancestrales que llegan a nuestros días convirtiendo a la juventud en seres que no se comunican los sentimientos. La historia se encarga de mostrarnos, como una foto de familia, y a través de los nietos, un camino por el que quizá puedan transitar compartiendo el día a día, la vida.
Para Coll es su ópera prima en el largometraje que coincide en ser el de finde carrera de la Escuela de Cine y Audiovisuales de Barcelona (Escac). Tiene una duración de 85 minutos y no le falta ni le sobra un fotograma. En España conocemos su corto «La última Polaroid», que obtuvo el tercer premio del certamen «Versión española». Nausicaa Bonnin, Philippine Leroy-Beaulieu, Francesc Orella, Ramón Fontseré y, por destacarle aparte, un Eduard Fernández confiriéndo una sinceridad sencillamente perfecta a su personaje.
Coll ha vivido cuatro años en México, por lo que su conocimientos sobre los éxitos del Festival de Málaga no era muy precisos, «no lo conocía bien, entre otras cosas por estar fuera de España. Cuando me enteré de que habían seleccionado mi película para la sección oficial me puse más a investigar y la verdad es que estamos todos encantados».
Con una mente ágil y cara de «teen-nager», Coll declara que ella, al revés que los protagonistas de la película, «me llevo muy bien con mi familia, pero me llama la atención que es precisamente en ese entono, el espacio donde se supone tenemos más confianza, se oculta muchas cosas. Cualquier familia merece una película. Y ni siquiera hace falta que esconda secretos truculentos. Basta con asomarse al complicado amasijo de sentimientos contradictorios que provocan los lazos familiares: odiamos y amamos a nuestra familia, la rechazamos y la necesitamos, pretendemos distinguirnos de ella y en el fondo heredamos gran parte de sus logros y de sus miedos», afirma. «Por eso he hecho esta fotografía de esta burguesía, paralíticos emocionalmente». Y clasifica su trabajo de instintivo: «No se trata únicamente de entretener, hay que pedirle al espectador una reflexión. Al menos es lo que he aprendido dirigiendo el filme», asevera.
Un dato a retener sobre el nuevo cine catalán nos la explica el productor Sergi Casamitjana: «A través del proyecto «Ópera Prima», ha salido esta película, y se ha ayudado a otras que no podían sacar adelante los proyectos, como es el caso de «Trash» (otro de los hallazgos del Festival), que se ha presentado en Málaga. Por primera vez, en este año hay 10 proyectos presentados a la industria catalana para ser ejecutados.


