Juan Marsé ha recibido el Premio Cervantes 2008 de manos del Rey Juan Carlos en la tradicional ceremonia que se ha celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. En su discurso, el escritor ha hablado sobre la memoria histórica y la memoria individual, sin olvidar el papel de la imaginación y el cine en su literatura. También se ha referido a su "dualidad lingüística" y ha explicado qué hace un autor catalán escribiendo en castellano.
Marsé se forjó como novelista en los duros años de la posguerra, cuando la memoria "fue sojuzgada, esquilmada y manipulada", y a "los vericuetos y espejismos" de la memoria histórica ha dedicado una parte de su discurso, en el que ha reflexionado sobre la verdad del escritor, sus obsesiones, quimeras y sueños. "El olvido y la desmemoria forman parte de la estrategia del vivir, tanto en la sociedad civil como en los estamentos del poder. Hay una memoria compartida, que no debería arrogarse nadie", ha dicho.
Ha sido un discurso magnífico, impregnado de verdad, sencillez y humor; y lleno de humanidad, como lo están los personajes, de carne y hueso, de las novelas que desde hace medio siglo ha ido publicando este "amante incondicional de la fabulación", como ha dicho. No se considera "un intelectual", sino solamente un narrador", y los "planteamientos peliagudos, la llamada metaliteratura", lo dejan "frío". "Bastante trabajo me da mantener en pie a los personajes, hacerlos creíbles, cercanos y veraces", ha reconocido el escritor. Frente al "misterio" y "galimatías" que es la literatura, a Marsé le gusta recordar a Ezra Pound y su creencia de que "el esmero en el trabajo, el cuidado de la lengua, es la única convicción moral del escritor", una frase que él suscribe "con la mayor cautela". "
El escritor, quien desde que tiene "uso de razón" ha vivido "la dualidad cultural y lingüística de Cataluña", que en su opinión "nos enriquece a todos", nunca ha visto "nada anormal" en ser "un catalán que escribe en lengua castellana", pero hay quien lo considera "una anomalía", "un desacuerdo". Esa dualidad es "una terca y persistente realidad", y el realismo "es una corriente literaria muy nuestra, y que aún goza de un sólido prestigio", ha dicho Marsé, que no quería "instalarse en la identidad cultural para dar lecciones a nadie" ni hacer "una defensa excesiva del realismo". "Pero, como dijo Woody Allen en una de sus buenas películas, el realismo es el único lugar donde puedes adquirir un buen bistec".
Al tercer intento, y con 16 años, logró leer el Quijote "de cabo a rabo". En esa novela anida "el germen y el fundamento de la ficción moderna en todas sus variantes", ha indicado Marsé, a quien le gusta pensar que "lo inventado puede tener más vida propia y más sentido que lo real, y en consecuencia, más posibilidades de pervivencia frente al olvido". Ésa fue la lección de Don Quijote desde la primera de sus hazañas. "Él es el valedor de lo más noble, bello y justo que alienta en el corazón humano, el que vela por el espíritu, la vigencia y el esplendor de los sueños". El cine le sirvió para completar su "precaria" formación. De Cervantes aprendió que "las cosas no siempre son lo que parecen", ha concluido el escritor.
Medio siglo dedicado a las letras
Tras él, ha tomado la palabra la ministra de Cultura, Ángeles González- Sinde, quien ha definido a Marsé como "un creador libre", un escritor que comenzó como aprendiz de joyería y "que ha logrado ser maestro a base de memoria, honestidad y coherencia". Es un escritor "por vocación, hecho a sí mismo", de los que "trabajan pieza por pieza, de los capaces de engarzar la ternura y lo canalla, el dolor y el humor, con la minuciosidad del artesano que lleva tras de sí muchas horas de lectura y de trabajo", ha espatado.
La ex presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, guionista y directora de cine, ha hecho un discurso plagado de referencias al séptimo arte, en el que consideró a Marsé un escritor "nacido en el mundo del cine", cuya obra "ofrece una narrativa forjada en lo visual, que nos lleva a ver hasta lo que no puede verse". Para González- Sinde, la concesión del Cervantes al autor catalán supone "un acto de devolución, de pequeña compensación, por tanto como nos has dado y nos vas a seguir entregando". Al entregarle a Marsé el galardón, se reconoce, a su juicio, "la enorme valía que tienen tus obras, y reconocemos también lo valioso que tienen los sueños de toda la Cataluña anónima y plural, de esa tierra que supo reconstruirse y abrirse al mundo, desde la desolación y la intemperie que provocaron la guerra y la barbarie".
"Julio Verne dio La vuelta al mundo en ochenta días, Julio Cortázar dio 'la vuelta al día en ochenta mundos', tú nos entregas la vuelta a la humanidad en ochenta calles", ha señalado la ministra, quien ha agradecido su legado literario al escritor "en nombre de la generación posterior, la de tus hijos".
El acto ha concluido con el discurso del Rey, quien ha elogiado la autenticidad que domina la obra de Marsé y ha valorado su "empeño en hacer de España con su pluma una nación aún más solidaria, más justa y más humana". Don Juan Carlos ha definido a Marsé como "uno de los mayores protagonistas" de la cultura española durante el siglo XX y en este siglo XXI y ha destacado su "dominio de la lengua, que emana de la difícil sencillez de su prosa".
El Monarca ha puesto asimismo énfasis en el valor de la "autenticidad" como concepto clave en la obra de este autor nacido en Barcelona en 1933, que otorga "consistencia" a sus personajes, "brío" a sus historias y "rigor" a su palabra. "Consistencia, brío y rigor de quien, enamorado del arte de narrar, trabaja el idioma durante el tiempo necesario" para "lograr la perfección del miniaturista o del orfebre", ha señalado el Rey, antes de añadir que esa "autenticidad admirable", reflejada también en la "actitud crítica" de Marsé, le permite regalar al lector "una realidad inventada tan verosímil como la misma realidad".

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