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El discurso de Ahmadineyad provoca una crisis diplomática con la Unión Europea
AFP El Nobel de la Paz Elie Wiesel, a la izquierda, entre los que ayer protestaban en Ginebra tras el discurso de Ahmadineyad
La Unión Europea no había logrado una posición unánime ante la conferencia de las Naciones Unidas contra el racismo, hasta que la intervención intempestiva y vitriólica del presidente iraní Mahmud Amdadineyad hizo el milagro de que todos los países de la UE se pusiesen de acuerdo. Además de los que ya habían renunciado a asistir a la conferencia, como Alemania, Polonia, Holanda o Italia, los embajadores de los que estaban presentes en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra -todos los demás- se levantaron y abandonaron la sala mientras el representante del régimen teocrático de Teherán pronunciaba su discurso.
Ahmadineyad era el único jefe de Estado que participa en esta reunión y antes de empezar ya se daba por descontado que utilizaría esta plataforma para reiterar sus conocidas tesis contra Israel y la influencia occidental en el mundo. Estados Unidos, Canadá, Australia y, por supuesto, Israel, ya habían renunciado a participar en la reunión, a la vista de los antecedentes dialécticos del dirigente iraní. La Comisión Europea, que asiste a título de observador en este foro, también había dicho horas antes que su participación tenía como único objeto «salvaguardar los avances logrados en la reunión precedente de Durban» pero que su representación «permanecerá vigilante» ante cualquier exceso verbal como el que protagonizó el iraní, que acusó al Consejo de Seguridad de la ONU de «acoger con el silencio los crímenes del régimen israelí, como ha sucedido con los recientes bombardeos contra civiles en Gaza».
Además de criticar la intervención internacional en Afganistán y la guerra de Irak, que dijo «ha causado un millón de muertos», atribuyó gran parte de los problemas del planeta al «sionismo mundial, que personifica el racismo». Muchas de estas palabras ya no las escucharon los embajadores europeos, porque siguiendo las instrucciones de la presidencia checa, estaban abandonando la sala. Algunos asistentes le gritaron «asesino» ante lo que el iraní les respondió llamándoles «ignorantes».
Francia se había puesto a la cabeza de los países que preferían asistir a la reunión para salvaguardar los principios de la conferencia, pero finalmente consideraron que la intervención iraní había sido catastrófica. Desde Paris, el presidente Nicolas Sarkozy, calificó el discurso de Ahmadineyad de «llamamiento intolerable en pro del odio racista» y exigió «una reacción extremadamente firme por parte de la Unión Europea».
Más difícil todavía
El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, acusó al iraní de haber abusado de las reglas de la organización: «Cada miembro de la ONU tiene la obligación de respetar las reglas» mientras que el comportamiento de Ahmadineyad produjo «una situación totalmente inaceptable». La alta comisaria de la ONU para Derechos Humanos, Navi Pillay, lamentó que los representantes europeos abandonasen la sala, puesto que esto les ha impedido que defendiesen sus posiciones, pero reconoció que estaba «profundamente entristecida» por el contenido del discurso del mandatario iraní.
La polémica se produce apenas días después de que Estados Unidos hubiera lanzado las primeras señales de apaciguamiento hacia Teherán, con mensajes claros de que Washington está dispuesto a entablar contactos con los ayatolás, sin condiciones previas. Desde entonces, Teherán ha confirmado abiertamente su camino hacia la implantación de la tecnología nuclear, ha encarcelado a una periodista irano-norteamericana acusándola de espionaje y ha reiterado ante la ONU su determinación de «borrar a Israel del mapa». Ahmadineyad dijo ayer que está dispuesto a entablar contactos con EE.UU. pero «sobre una base de justicia y respeto mutuo».
Por ahora, Estados Unidos sigue manteniendo abiertas las puertas a esos contactos con el régimen de Teherán, aunque se puede decir que la posición de Ahmadineyad recorta cada vez más el margen de maniobra de Obama.
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