
No quiere cambiar de peinado
La vida de Susan Boyle cambió en cuestión de horas. Antes de salir en antena aún fue captada por las cámaras comiéndose despreocupada un sándwich. Después no ha tenido tiempo de nada, sólo de hacer el té a los periodistas que han asediado su casa de Blackburn. Allí han estado los de la ABC y la NBC para entrar en directo en los magazines matutinos de esas cadenas norteamericanas. También el conocido show de Oprah Winfrey ha contactado con ella para llevarla al programa.
Todos quieren hablar con ella y oírle cantar. Ha tenido que contratar los servicios de una agencia de relaciones públicas para afrontar la situación, mientras se resiste a modificar sus hábitos y manera vestir y peinarse.
De la nada a la fama global en menos de una semana, con televisiones de todo el mundo que hacen cola para entrevistarla en una pequeña localidad de Escocia. Susan Boyle, mujer soltera de 47 años, en paro y poco agraciada físicamente, tiene una gran voz, con la que ha sorprendido en un concurso de la televisión británica. También tiene un gran alma, la de una mujer sencilla que ha sacrificado su vida por otros, que es lo que ha dado aún más fuerza a una historia de éxito que está arrasando en internet: los clips de la intervención de Boyle el pasado sábado en la competición «Britain´s Got Talent» de la privada ITV han sido vistos por más de veinte millones de personas.
Objeto de mofas
De pequeña, Susan tuvo dificultades de aprendizaje y los compañeros de escuela se reían de ella porque era fea. Aún hoy se le burlan algunos niños de Blackburn, población que no llega a los cinco mil habitantes próxima a Edimburgo. Pero sus vecinos le tienen una gran estima y valoran el talento musical que muestra en el karaoke de los pubs locales.
Última de nueve hermanos de una devota familia católica, nunca se ha casado -ni siquiera la han besado, según confiesa- y toda su vida se ha dedicado abnegadamente a cuidar de sus padres. Hace dos años murió su madre, ya viuda. Susan le había prometido que un día se presentaría a un concurso de TV.
«Quería demostrarle que puedo hacer algo en la vida», dijo Boyle en los momentos antes de su interpretación de «He soñado un sueño», una de las canciones más conocidas del musical «Los miserables». Explicó que vive sola con un gato y que ayuda en la parroquia. El jurado del programa y el público no parecían saber si compadecerse o echarse a reír, en ocasiones mirando hacia otro lado por vergüenza ajena. Pero cuando la aspirante comenzó a cantar, el temblor de emoción fue general y una ovación en pie acogió sus últimos compases.Boyle podría llegar a la final y ganar el premio del programa, pero en realidad ya no le hace falta, porque en menos de una semana ya le han llegado algunas ofertas para grabar un disco.


