-Acaba de volver de L´Aquila, epicentro de la tragedia.
-Hemos ido porque este es el típico terremoto que se podría producir en España, ya que una magnitud 6 puede esperarse en algunas regiones, especialmente del sur y de Levante. Además, la tipología constructiva en Italia es bastante similar a la nuestra, por lo que un patrón de daños muy parecido se podría generar aquí. Es una ocasión para aprender lecciones.
-Porque se han venido abajo edificios nuevos...
-Sí. Lo sorprendente es que en L´Aquila han fallado también construcciones recientes que deberían estar construidas al amparo de normas antisísmicas y no sólo estructuras rurales, esas construcciones de adobe y mampostería que los expertos llamamos de «vulnerabilidad A» y que en España ya se vinieron abajo en terremotos de menor magnitud, como los de 2005 en La Paca y de 1999 en Mula...
-¿Hay una normativa de prevención común para toda Europa?
-Hay una normativa europea, el Eurocode 8, que actualmente no es obligatoria, sólo recomendable. Luego cada país tiene su propia ley (en nuestro caso la NCSE-02) de obligado cumplimiento. ¿Cuál es el problema? Pues que no hay ningún organismo que vigile realmente si se cumple o no. Sólo se comprueba a posteriori, cuando ha ocurrido el desastre.
-¡Menuda gracia! ¿Eso no lo visa nadie?
-Generalmente no. En estructuras críticas como las centrales nucleares, el CSN hace una vigilancia exhaustiva. Pero para las construcciones convencionales no hay seguimiento. Tal vez sería conveniente hacer inspecciones, aunque fueran aleatorias, para que se tome en serio la cuestión. En Italia hemos visto en la misma foto edificios intactos y a su lado otros derruidos. Eso prueba que un diseño adecuado funciona. El riesgo lo calculamos como producto del peligro por la vulnerabilidad y, si construimos bien, estamos reduciendo la vulnerabilidad y, por tanto, disminuyendo el riesgo.
-Un tal Giuliani se arroga haber predicho la catástrofe sin que se le hiciera caso. ¿Se trata de un vendedor de burras?
-Es un geólogo y lo que ha medido es el índice de radón que, efectivamente, puede aumentar antes de un seísmo. Es un indicador considerado como premonitor. Pero no hay relación causa-efecto directa e inmediata. Basándose sólo en ese dato la probabilidad de error sería más alta que la de acierto.
-¿Es leyenda urbana que los animales se desquician antes de un seísmo?
-No. El comportamiento anómalo de los animales antes de un terremoto es un fenómeno premonitor reconocido. Hay otros: el aumento de la microsismicidad, incremento del índice de radón, subida del nivel de agua en los pozos... Pero a veces todo eso sucede y el terremoto no llega. En los ochenta se hicieron intentos de predicción y funcionaron una vez en una ciudad china, que se desalojó poco antes de ocurrir un terremoto que podría haber causado 250.000 muertos. Sin embargo, un año después hubo un seísmo sin fenómenos premonitores y arrasó otra ciudad vecina.
-Un artículo suyo viene a decir que la Meseta, sobre la que llevamos a cabo esta entrevista, quizá no sea tan estable...
-Nos han sorprendido dos terremotos ocurridos en 2007 en Guadalajara y Ciudad Real. Este último fue de magnitud 5 y no se tenía ningún registro así en el centro de la península, donde la normativa no obliga al diseño antisísmico. ¡Tal vez sería conveniente estudiar más la tectónica de la Meseta!